La pamplonesa Amaia
Romero, Amaia, ganadora de la última edición de Operación Triunfo, de TVE, es
una joven cantante (19 añitos) que se ha hecho muy famosa en España. Frank
Sinatra, La Voz, como todo el mundo sabe es (o fue) un famosísimo
cantante estadounidense —también actor de cine— que falleció hace ya 20 años a
los 83 de edad. Lo común de ambos es que les hemos conocido por su dedicación a
la canción. Sinatra ha sido un «gigante» mundial de la música y Amaia acaba de
empezar, aunque se le vislumbra un prometedor futuro.
Pero, además de lo
dicho, hay algo más que ambos tienen en común, aunque es una circunstancia muy
particular de la que solamente puedo hablar yo: me refiero a que, echando la
vista atrás, Sinatra y Amaia son los únicos cantantes con los que realmente me
he emocionado cuando los escucho. Hay otros muchos cuya música me ha podido
gustar, entretener, complacer, incluso deleitar… pero no emocionar.
Cada vez que, con sumo
placer, he escuchado cantar a Amaia durante su participación en OT he sentido
eso: una emoción que me cautivaba mientras la veía y oía, con la boca abierta y
con todos mis mecanismos
receptivos en modo de máxima atención para no perderme
ni un solo matiz de sus interpretaciones. Una de las, para mí, mejores fue la
de la gala 9, cuando cantó Shake
it out , demostrando que no solo el buen gusto, la dulzura y la
sensibilidad adornan a esta joven cantante, sino que también posee fuerza
interpretativa para enardecer al público. Su interpretación me cautivó.

Como cada vez que he
escuchado a La Voz, Sinatra. La última fue hace un par de días cuando, tras una
conversación con mi amigo Alfonso mientras nos tomábamos unos vinos, comprobé en
Youtube que también cantó Killing
me softly with his song, preciosa canción que hace muchísimos años se la
escuché a la maravillosa Roberta Flack y nunca, hasta
esta ocasión, a
Sinatra. La dulce versión de Sinatra me ha parecido, sencillamente, deliciosa,
como desde mis tiempos juveniles me parecieron todas sus canciones, de las que
tengo un especial recuerdo de la maravillosa Strangers in the night.
Recuerdo un viaje desde Bilbao a Laredo en la que no paré de escucharla en el
coche (a la ida y a la vuelta); la pondría decenas de veces. Además, Sinatra ha
sido el cantante en inglés al que más le he entendido lo que decía, y por eso
también me gustaba escucharle.

Entiendo que quien
esto lea pueda considerar algo así como un sacrilegio comparar a Sinatra,
consagrado y reconocido mundialmente durante toda una vida, con Amaia, que
acaba de nacer en el mundo de la canción; pero, como he dicho, es algo muy
particular de quien lo escribe, y en esto de los gustos ya se sabe: para gustos
están los colores. Así que no pasa nada porque puedan no compartirse los míos.
Para acabar, un deseo
que me temo que no se va a cumplir. Ojalá Amaia tenga suerte en el festival de
Eurovisión que se celebrará esta semana en Lisboa (la final, el sábado 12 de
mayo) y quede en una buena posición, aunque creo que lo tiene difícil. La
canción me parece que no tiene mucho gancho y el que la cante con Alfred, al
que no veo muchas cualidades, puede ser un hándicap importante para mi admirada
Amaia. Pero si no queda como desearíamos, que no le importe; la navarrica tiene
un futuro muy prometedor en el complejo y difícil mundo de la canción.
Confío en que pueda
seguir emocionándome durante mucho tiempo, y espero que algún día se anime a
versionar, como hizo Sinatra, Killing me softly with his
song . Aunque sería difícil, puede que me guste más que la versión de La
Voz. De cualquier modo, prometo comprar el disco.