17 ene. 2020

LA PAREJITA


La pareja (no sé si son matrimonio) Iglesias-Montero, en el Gobierno.

Aunque en los días previos al comunicado oficial ya se hablaba de que ambos formarían parte del gobierno de coalición que se estaba fraguando, yo creía que Pablo no se iba a atrever a que su pareja fuera nombrada ministra del nuevo gobierno en el que él iba a ser vicepresidente. Ingenuamente, yo creía que Pablo Iglesias tendría un poco de decoro; pero no ha sido así.

Es verdad que, tras la asamblea «Vistalegre II» de 2017 y el sonado abandono de Podemos de algunos de sus miembros relevantes (especialmente Íñigo Errejón), Irene Montero se había situado, aparentemente, como segunda de a bordo del partido, lo que se evidenció al ser nombrada en 2017 portavoz del grupo de Podemos en el Congreso de Diputados y, más aún, al ocupar el número dos en las candidaturas de Unidas Podemos en las últimas Elecciones Generales. Vale, asumo que era la segunda de a bordo. Y digo más. Aunque no sé mucho sobre ella —ni de sus condiciones intelectuales ni de su capacidad política— por no haber tenido, hasta ahora, un especial protagonismo que hubiera llamado la atención, no pongo en cuestión que Irene Montero tenga suficiente preparación y condiciones para ejercer el cargo de Ministra de Igualdad, para el que esta semana ha sido nombrada.




Pero en este nombramiento, además de las cualidades y capacidades de la nombrada, a mi entender tiene mucha más importancia el efecto estético de que haya un matrimonio (se podría considerar así) en el Gobierno. Hecho que no se había dado en la historia de nuestra democracia y, supongo, también inédito, en los gobiernos de los estados de nuestro espacio geopolítico. ¿¡Qué habría dicho Iglesias si Aznar hubiera incorporado al Gobierno de España a su mujer Ana Botella!? Esta fue alcaldesa de Madrid, pero no es lo mismo. Habría dicho de todo, ¡y con razón! Porque me parece totalmente antiestético y contraproducente que dos cónyuges compartan la mesa del Consejo de Ministros (no de Ministras, Irene). Y no voy a entrar en razones de tipo operativo o funcional (que haberlas, haylas). No, es, como he dicho, una cuestión de estética; o sea, una cuestión formal. Que, en este caso, siendo quienes son los protagonistas y de dónde vienen, así como la relevancia de sus nuevos cargos, me parece de la máxima importancia. Pablito, hay que tener respeto a los ciudadanos y un mínimo de vergüenza. Ya te perdonamos (bueno, Inda no) lo de la casa en Galapagar porque comprendimos que cedieses a la tentación y que en ti influyera tu recién, entonces, estrenada condición de padre. Pero lo de haber promovido a tu mujer, Irene, a la condición de ministra ha sido demasié.  Para mí, imperdonable. En un país de más de 47 millones de personas no le veo sentido a que en el gobierno estén dos de la misma familia. Ni los cónyuges, ni hermanos, ni padre o madre e hijos. Me parece indecente.

Además, no era necesario. Iglesias hubiera quedado muy bien contradiciendo los pronósticos que se manejaban, y nombrando a otro u otra de su partido. No le hubiera costado mucho la elección; menos para un ministerio como es el de Igualdad en el que, supongo, no se requiere ni especiales conocimientos ni otro tipo de condiciones técnicas, ya que es una tarea en la que, casi exclusivamente, se requiere compromiso, talante y convencimiento. Y seguro que a Pablito no le hubiera costado mucho convencer a Irene de que, políticamente, «no convenía» que los dos estuvieran en el Consejo de Ministros. Además, a ambos la «renuncia» les hubiera servido para ganar prestigio. Por otra parte y aunque desconozco los efectos económicos de las dos opciones (mantenerse como diputada, una, y ser ministra, la otra) no creo que hayan sido determinantes para la decisión. O sea, Irene, aunque le podría haber jodido, lo hubiera entendido y seguro que se hubiera resignado a continuar como estaba; siempre podría haberle sacado a Pablo alguna promesa para el medio plazo.

Aunque, ahora que lo pienso, lo que ha hecho Pablo podría haber sido consecuencia de la intolerancia y ambición de Irene que, de ninguna manera, hubiera querido que se le privara de la posibilidad de ser ministra. Puede que ante la insinuación de Pablo en ese sentido le hubiera espetado algo parecido a «¡Ni se te ocurra, Pablo. Por mis cojones seré ministra; que para eso soy la número dos!». Y Pablo se hubiera achantado.

Aparte de lo dicho, no quiero concluir sin referirme a algo que me ha llamado mucho la atención. Me refiero a la poca crítica que he escuchado sobre el caso. Tanto en los medios de comunicación como, menos, en sus adversarios políticos. ¿Por qué?, me he preguntado. Una de dos: o yo estoy equivocado y la cosa no tiene tanta importancia como a mí me parece o, lo más probable, es que hay muchas parejas o matrimonios en los diversos ámbitos de la política, o de la Administración, o de los jueces, o de las empresas de comunicación, o en otros ámbitos importantes. Algunas se conocen, pero, probablemente, muchas no.  Y, por aquello de que «el que esté libre de pecado...», se ha limitado la crítica. Lo cierto es que apenas ha habido ruido político por el caso comentado.Y mira que en estos días se están haciendo ácidas e inmisericordes críticas al Gobierno por temas que a mí me parecen de menor importancia o con menos razones que la comentada.

Así que, por el caso Irene, Iglesias y Sánchez han estado muy tranquilos.


23 dic. 2019

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18 nov. 2019

NACIONALISMO/PATRIOTISMO

Mi habitual interlocutor, Listo, quiere hablar conmigo. «Sobre un asunto espinoso para los vascos», me ha dicho. ¿Qué le preocupará? Me temo que, sabiendo él que soy vasco, querrá ponerme en un aprieto. Ya veremos. 

Listo: Hola, Julio. Gracias por ofrecerte a la charla. 

Julio: De nada, Listo. A ver, ¿de qué quieres que hablemos? 

L: Pues quería saber qué opinas del nacionalismo. Ahora, por lo de Catalunya, se habla mucho de esa ideología. 

J: Ya he escrito en este blog sobre esto en entradas anteriores, tanto en relación con lo vasco como con lo catalán; al final indico las relacionadas con lo vasco, por si te valen. Pero, como veo que estás interesado, te diré ahora algo más. Lo primero, te diré que, si no te importa, en esta conversación me referiré a lo que te interesa como nacionalismo/patriotismo. Porque creo que ambos conceptos son sinónimos. Se les puede buscar matices o significados para diferenciarlos, aunque su sinonimia me parece evidente. 

L: Y si te parecen sinónimos, ¿por qué no utilizas solamente una de las dos denominaciones? 

J: Pues porque quiero enfatizar en la relación entre estos dos conceptos, que muchas veces se utilizan como si fueran diferentes. Es decir, quiero dejar claro que creo que los nacionalistas lo son porque son patriotas, del mismo modo que opino que los muy patriotas son nacionalistas. 

L: No sé, Julio,… ¿A dónde quieres ir a parar? 

J: Pues, por ejemplo, a que al nacionalismo catalán, tan denostado últimamente por buena parte de los patriotas españoles (especialmente por los ultrapatriotas), se le pueden atribuir las mismas virtudes y defectos que se podrían atribuir al de estos últimos. Del mismo modo, los ultrapatriotas españoles deben asumir que su impulso ideológico patriótico/nacionalista es el mismo que mueve a los nacinalistasl/independentistas catalanes, contra los que se muestran tan beligerantes. O sea, a mi entender, los nacionalistas/patriotas catalanes coinciden ideológicamente con los nacionalistas/patriotas españoles; lo que les separa es que el objeto de su nacionalismo/patriotismo —o sea, su nación/patria— es diferente. También, que en el caso de los nacionalistas/patriotas españoles su objeto goza del soporte de la legalidad histórica, porque España es, a todos los efectos, un Estado independiente y reconocido por todo el mundo, mientras que el Estado Catalán, hoy por hoy, es una entelequia…, o sea, una idea o un deseo.  

L: Bueno, bueno, si tú lo dices…  No voy a entrar en discusiones. Lo que yo quería saber es qué opinas del nacionalismo. Venga, Julio, ve al grano. 

J: Lo que te he dicho ya es significativo. Porque me habrás oído decir que no soy nada patriota; el patriotismo brilla por su ausencia en mis escasos y débiles mecanismos o soportes ideológicos. Y eso no quiere decir que esté en contra de España, esto es de la nación o del estado al que pertenezco. No, de ninguna manera. Al contrario, siempre he tenido, digamos, preferencias por el colectivo social al que, por mi nacimiento, he pertenecido o pertenezco. Así y dejando al margen la familia (por razones obvias), siempre he estado a favor de los de mi barrio, y   por extensión, de los de la ciudad en que nací, Bilbao —por eso soy del Athletic y me alegro de sus triunfos-; siento preferencia por lo vasco y los vascos, y por último, me congratulo de que España avance y de que a los españoles les vaya bien. Pero estas, digamos, preferencias creo que no son sentimientos, ni que están condicionadas ni movidas por la pasión y mucho menos por la ideología 

L: Vale, Julio, pero lo que dices nos pasa a todos: nos tira lo de casa. 

J: Así es; totalmente de acuerdo. Es el vínculo afectivo que tenemos con nuestra tierra. Pero cuando, por la mística de la pertenencia, ese vínculo se sublima (como expliqué en otra entrada) y se materializa en la idea de patria/nación, bien referida al estado al que se pertenece (caso de los patriotas españoles) o al estado deseado al que se quiere pertenecer (caso de los catalanes nacionalistas), la preferencia toma la condición de ideología. Y entonces sí entran en juego los sentimientos, incluso las pasiones. 

L: ¡Jo, Julito! No te enrolles tanto y di, de una vez, tu opinión sobre el nacionalismo. 

J: ¡Tranki, tronko! A eso voy. El nacionalismo/patriotismo es la ideología que mueve a los que subliman el vínculo de pertenencia al que me he referido. Como cualquier otra ideología, esta es la consecuencia del adoctrinamiento. Me corrijo, posiblemente el nacionalismo/patriotismo sea la ideología en la que el adoctrinamiento es más necesario y, por tanto, más evidente. En otras ideologías puede que intervengan con mayor fuerza las circunstancias y las condiciones intelectuales y síquicas de las personas afectadas. Pero, reitero, en el nacionalismo/patriotismo el adoctrinamiento es determinante. Y no solo en la escuela se imparte esta doctrina; la familia, el entorno social cercano, los medios de comunicación y los poderes públicos, de forma más o menos directa o evidente, juegan un importante papel adoctrinador, aunque no siempre lo percibamos o nos demos cuenta de ello. 

L: Debo entender que a ti también te habrán adoctrinado, ¿no? 

J: Naturalmente. De pequeño, en cada aula de mi escuela (nacional), la pared principal estaba adornada por el cuadro de «la Purísima» (de Murillo), fotos de Franco y José Antonio, y por el crucifijo. Después vino la asignatura «Formación del espíritu nacional», a la que no llegué (empecé a trabajar muy jovencito). El caso es que todos los de mi generación fuimos contaminados por el adoctrinamiento en nacionalismo/patriotismo (español)… y en religión. 

J: Pues me parece que contigo perdieron el tiempo. 

J: Bueno, posiblemente al principio, de niño o de jovenzuelo, es posible que, en mí, el adoctrinamiento hiciera sus efectos, como en todos, pero, afortunadamente, cuando empecé a manejar con cierta autonomía mis mecanismos intelectuales de análisis, basándome en lo que a mí me parecía razonable o de sentido común, pronto me despojé de los efectos de aquel adoctrinamiento. 

L: O sea, que ya no eres patriota ni nacionalista. 

J: Pues no. Como ya he escrito en este blog, el patriotismo no activa mis estímulos vitales, y, por tanto, no me seduce el nacionalismo. Además, como sabes, mis tendencias y preferencias miran a la izquierda, y a mí me parece que el nacionalismo/patriotismo, cuando activa, como ocurre en Catalunya, el separatismo o lucha por la independencia de un territorio en un estado como el español, en el que, con los fallos que pueda haber como en cualquier obra humana, rige eso que llamamos «estado de derecho», el nacionalismo/patriotismo, decía, es incompatible —según como veo yo estas cosas— con las ideologías que realmente son de izquierdas. 

L: ¡Joder! Entonces, ¿qué tienes que decir sobre los partidos ERC y Bildu? Son los que, según parece, se muestran más radicales en la lucha por la independencia de sus respectivos territorios. 

J: Pues que si son tan nacionalistas/patriotas no pueden ser de izquierdas. Es incompatible. En otro tiempo o en otras circunstancias se podría admitir que las fuerzas políticas de la izquierda participasen en movimientos patrióticos o nacionalistas, pero en la España actual no. Aquí y ahora la izquierda debe dedicarse a mejorar —en términos socioeconómicos— la vida de las personas, tratando de que desaparezcan o al menos se reduzcan las aún muy importantes desigualdades entre ricos y pobres, es decir, entre los fuertes  (y poderosos) y los débiles, especialmente en el mundo del trabajo.

L: Entonces, ¿qué te parece lo de «izquierda abertzale».

J: Pues que me parece un oxímoron; es una contradicción. El patriotismo/nacionalismo debe quedar para la derecha y, sobre todo, para la ultraderecha; o sea, para los que son tan aficionados a las banderas. 

L: ¡Ah!, por eso tú no eres muy de banderas. Ya te lo leí en un anterior post. Y ya para acabar, debo entender que, según tú, ¿los partidos nacionalistas solo pueden ser de derechas? 

J: Pues en España, sí. Por eso me parece muy bien que el PNV se denomine Partido Nacionalista Vasco; aunque creo que no es el partido típico de derechas (caso del PP) porque, aunque su leitmotiv tenga mucho que ver con el nacionalismo, es verdad que, por lo que yo conozco, su 'clientela' es y ha sido socialmente transversal, y esto lo ha tenido en cuenta siempre en su gestión política. De todos modos, me parece bien que se autodenomine como lo hace; lo que me parece mal es lo de Esquerra Republicana de Catalunya, ERC, cuya denominación no da pistas de su sesgo independentista, que, desde la distancia, parece que es lo único que preocupa y ocupa a este partido (sobre todo, últimamente). Se debería cambiar de nombre... ¿Eh, Rufián?  

L: Oye, no te metas con Rufián, que este es peligroso. 

J: Joder que sí, y listo. Si se enfada le diré que se me escapó su nombre sin darme cuenta.
Bueno, Listo, espero haber satisfecho tu curiosidad. Si me animo, dentro de unos días podemos seguir con el tema; esto da para mucho. 

L: Vale, Julio, pues quedamos para dentro de unos días. Mañana me voy a esquiar a Baqueira. Hay que aprovechar la nieve que ha caído estos días y que aún no piden pasaporte.

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Otras entradas sobre el tema:



25 oct. 2019

EXHUMACIÓN DE FRANCO

Ayer se exhumaron los restos de Franco, que estaban en el Valle de los Caídos —espacio público (en la foto) que, como tal, pertenece al Estado, o sea, a todos los españoles—, y se reinhumaron en el panteón familiar del cementerio de Mingorrubio (también en Madrid). Con lo de Catalunya, ha sido, sin duda, de lo que más se ha hablado en la pasada semana y en lo que llevamos de esta. Así que me he animado a dar mi opinión, no sobre el traslado de los restos de Franco —que, ya adelanto, a mí me ha parecido muy bien—, sino de las memeces que he escuchado a los políticos de la oposición al Gobierno, a los miembros de la familia Franco y a los contertulios de las numerosas tertulias radiofónicas y de la tele que nos «divierten» cada día.




Empezando por los partidos, debo decir que me ha parecido una desvergüenza que los dos de la derecha, PP y Cs, que habían apoyado con su voto o con su abstención la decisión del Congreso de Diputados de exhumar el cadáver, hayan aprovechado la obligada ejecución de tal decisión para atacar al Gobierno (en funciones) del PSOE, acusándole de electoralismo y, por tanto, no apoyando la medida. Lo de Pablo Casado ha sido muy triste; lo de Rivera ha sido asqueroso, como suelen ser sus intervenciones en los últimos meses (desde la campaña de las elecciones de abril pasado). En sus ataques, ambos han utilizado unos pobres argumentos, pero, eso sí, expuestos con aparente convencimiento, haciendo mención a que no están por la labor de «mirar hacia atrás» —ellos solo miran hacia adelante—, esgrimiendo que los acontecimientos de nuestra historia del siglo XX (guerra civil y periodo de la dictadura) ya se solucionaron en la «transición» que culminó con nuestra actual Constitución, dando a entender que, más o menos a partir de 1980 (cuatro o cinco años después de la muerte de Franco), ya estábamos reconciliados y «todos éramos amigos», por lo que debíamos olvidarnos de los agravios que pudieron haberse cometido durante los casi 40 años del periodo a que me he referido. ¡Qué ricos!, Casado y Rivera; se nota que son muy jóvenes y no vivieron en aquél periodo, y se pasan por la entrepierna lo que puedan sentir los agraviados y sus cercanos. Para estos dos políticos eso ya no cuenta. En fin, para Casado y Rivera lo que ha hecho el Gobierno ha sido poco menos que una indignidad. Me parecen un par de sinvergüenzas.


La actitud del otro partido de la derecha, Vox, encabezada por su líder, Abascal, es lo que le tocaba hacer teniendo en cuenta su ideología ultra; o sea, criticar con la máxima acidez la acción del Gobierno, en un asunto como este en el que, según él, se mancillaba la memoria de su líder o referente espiritual, Franco. No se podía esperar otra cosa, así que me ha parecido normal, por lo que de este partido no tengo nada más que decir.

El otro partido de izquierdas, Podemos, también ha sido crítico. He visto como su líder, Iglesias, criticaba el espectáculo de ayer porque a él le ha parecido poco lo que se ha hecho o muy tibia la actitud del Gobierno. Él hubiera sido más duro, no solo en la «ceremonia» de la exhumación, sino con los restos del franquismo, según él aún presentes en los poderes económicos o empresariales y en la política. Iglesias, también en campaña electoral, no ha desaprovechado la ocasión para criticar a su principal competidor en la izquierda. A mí, la actitud de Iglesias me ha parecido ruin y extemporánea. Seguro que habrá muchas cosas que se le podrá criticar al PSOE, pero no esta, y menos desde la izquierda. Ya digo, una ruindad de Pablo, Pablito, Pablete. ¡Con lo bien que me caía al principio…!

Del PNV solo he escuchado unas cortas declaraciones de Aitor Esteban, en las que venía a decir que la exhumación «…se ha convertido en una fiesta de exaltación franquista y en una nueva humillación a las víctimas». A mi entender, este diputado vasco ha perdido una inmejorable ocasión para estar calladito. Por cierto, nunca escuche al PNV demandar que el cadáver de Franco saliera del Valle de los Caídos. Por eso, me ha parecido que también el PNV, como sus correligionarios de la derecha española, ha tenido una actitud deplorable.

De los partidos catalanes independentistas he oído que también se han sumado a la crítica al Gobierno, aunque no sé en qué términos. De cualquier modo, bastante tienen con lo suyo como para meterse en lo de Franco. En esto no cuentan, o cuentan poco. Así que, nada que decir.

De lo que ha hecho la familia Franco —sus recursos judiciales contra la exhumación— y han dicho y hecho sus miembros estos últimos días solo puedo decir que me ha dado verdadero asco. Una familia que, según parece, está forrada (supongo que a cuenta de la fortuna amasada en vida de Franco) y de las canonjías y prebendas de que habrán gozado como descendientes (nietos y biznietos) del general debía mostrarse más retraída y, en todo caso, acatar sin rechistar las disposiciones legales democráticas que les afecten. Es lo menos que deberían hacer. Ya han gozado durante mucho tiempo de privilegios. A título anecdótico, lo que me ha parecido más asqueroso de ellos es que he visto en la tele que ayer se quejaban de que, porque les mantenían en un lugar del panteón donde ha sido reinhumado Franco sin derecho a portar un teléfono móvil (para que cumplieran con la prohibición de filmar), alguno de ellos exclamó «¡esto es una dictadura!», que manda güevos. Si no me equivoco, el exclamador fuel el nietísimo de Franco, Francis. Cada vez que le veo en la tele se me revuelven las tripas.

Y para acabar, los opinólogos de las tertulias de la radio y de la tele. En estas hay de todo, pero en algunas de ellas (no quiero ni nombrarlas) los participantes hacen gala de su falta de objetividad y mala baba criticando todas las acciones del Gobierno; haga lo que haga. Como decía antes, al Gobierno habrá muchas cosas que se le puedan criticar, y hay que hacerlo. Pero en esta ocasión creo que ha hecho lo que debía.

Por todo lo que he dicho, he sentido verdadero asquito de muchas de las cosas que he escuchado estos días. ¡Cómo somos!

23 jul. 2019

LO TIENES A HUEVO, PABLO

Entre ayer y hoy (por la mañana), el Congreso de Diputados ha vivido una experiencia inédita en nuestra democracia: una sesión de investidura con muy incierto resultado (por esto es inédita), del que podría ser el próximo Presidente de Gobierno tras las elecciones generales del pasado 28 de abril. Como es sabido, las elecciones las ganó el PSOE con una mayoría minoritaria de 123 diputados (para la mayoría absoluta se necesitaban 176), o sea, las ganó con un número de diputados electos equivalente a la suma de los dos partidos de la derecha (PP y Ciudadanos). Pero, computando los otros dos partidos nacionales de los extremos (Vox, en la derecha, y Podemos, en la izquierda), y aunque la izquierda consiguió más diputados que la derecha, ninguno de los dos bloques alcanzó la mayoría necesaria. Por eso, el candidato más votado (con diferencia) Pedro Sánchez, del PSOE, no tenía asegurada su investidura como Presidente del Gobierno. Necesitaba apoyos y, por consiguiente, pactos con otras fuerzas políticas. Por eso, la investidura se presentaba interesante; no me ha defraudado.

Tras haber seguido la sesión en la tele he escuchado los consabidos comentarios de los "expertos" comentaristas o contertulios de los programas que se nutren de estos acontecimientos para justificar su existencia. A mí me parece que en ellos se dicen muchas obviedades y bastantes tonterías. Así que me he puesto a pensar en qué diría yo si un periodista me preguntara mi opinión sobre lo que he visto. Le diría lo siguiente.

En primer lugar, hablaría del candidato, Pedro Sánchez. Creo que, en general y con altibajos, ha estado bien. No hay duda de que es un buen parlamentario; o sea, tiene buen pico. Y hay que reconocer que no tiene que ser fácil aguantar lo que ha aguantado, porque todos han aprovechado para zurrarle de lo lindo, con la excepción del único diputado del Partido Regionalista de Cantabria, que se ha comprometido claramente a darle su voto. Pero, aparte de los de su  propio partido, ha sido el único. Todos los demás, incluso los que podrían representar las tendencias políticas más cercanas, han estado inmisericordes con el bueno de Sánchez; ya digo, le han dado hasta en el carné de identidad. Pero Sánchez ha aguantado bien y ha mostrado, como correspondía, su mejor cara. Por tanto, creo que ha cumplido muy bien con el papel que le tocaba: aguantar las diatribas de los demás, ofrecerse como candidato y solicitar apoyo, que en casi todos los casos se ha limitado a pedir la abstención (que le podría valer en la sesión del próximo jueves en la que solo se requiere mayoría simple).  Si tuviera que calificarle, daría una buena nota a Sánchez.

En lo puramente parlamentario, es decir, en lo superficial, daría el primer premio a Pablo Iglesias (Podemos); diría otra cosa muy distinta si me tuviera que referir al contenido de su discurso. Aunque desde hace algún tiempo su actitud política, a mi entender, deja mucho que desear, debo reconocer que hoy —como parlamentario, insisto—,  ha estado superior. Largando es un fenómeno; le ha puesto en más de un aprieto a Sánchez, y, como veía que el candidato se mostraba renuente a aceptar las condiciones del ofrecimiento de Unidas Podemos para formar un gobierno de coalición,  ha culminado su intervención espetando al candidato una amenazadora advertencia: "Sr Sánchez, si en esta ocasión no resulta investido, nunca llegará a ser Presidente del Gobierno". ¿Cómo lo habrá tomado Sánchez?

De Albert Rivera, que también ha demostrado, una vez más, tener buen pico, solo puedo decir que tiene muy mala hostia... además, con muy mal estilo. Realmente se ha convertido en un político desagradable. Con lo bien que me caía... Creo que sus últimos éxitos electorales se le han subido a la cabeza y se ha agilipollado. Pero que ande con cuidado. Es evidente que ha sobrepasado su nivel de incompetencia, por lo que a partir de ahora y si no cambia me temo que va a entrar en una tendencia descendente que, además, arrastrará a sus incondicionales, entre ellos a la inefable Arrimadas, que también ha sufrido una agilipollización preocupante. De un tiempo a esta parte  (y hoy tras finalizar la sesión) la veo repitiendo, cual lorito resabiado, las proclamas descalificadoras de su jefe Rivera. Viéndolos a los dos, juntitos en sus escaños contiguos, hablándose, tocándose, sonriéndose y evidenciando complicidad cariñosa, le hace a uno pensar si no habrá entre ellos algo más que la obvia relación como jefes de su partido, porque, si no, no se entiende el cambio en esta mujer. Ya me gustaría saber qué piensa de esto Malú.  

Sobre Santiago Abascal, que debutaba en el Parlamente, solo puedo decir que ha estado en su papel de vocero de la extrema derecha. Acojona un poco. En esta sesión no ha sido determinante, pero me temo que, con el tiempo, su partido consiga más diputados y que, como en otros países europeos,  pueda llegar a serlo. 

Y, concluyendo el repaso a los "cinco magníficos" del panorama político nacional, debo referirme a Pablo Casado. Lo he dejado para el final porque sobre él quiero decir mi "ocurrencia", que creo que puede ser lo más sustantivo de este escrito. Decir que es un muy buen parlamentario no es nada original. Un piquito de oro, es el chaval. Lo malo es que habla mucho y bien, pero dice poco. Es lo que ha hecho en su intervención. Pero podría mejorar sustancialmente su participación en el acto político que me ocupa si hace lo que diré a continuación.

Hoy mismo, antes de que acabe la jornada, debería hacer unas declaraciones a la prensa anunciando que, "a la vista de cómo ha transcurrido la sesión de investidura; de que el candidato no ha tenido, prácticamente, ninguna adhesión a su candidatura; de que, por tanto, la indeseable repetición de las elecciones no resultaría conveniente para la sociedad española; y, lo peor, de que el candidato Sánchez, en su delirio por conseguir el poder, podría decantarse por prometer indeseables concesiones a los enemigos de España, o sea, a los comunistas y separatistas... Por todas estas cosas el Partido Popular, como principal partido de la oposición, en la votación del próximo jueves dará su apoyo al candidato Sánchez, mediante la abstención. Es un sacrificio que el PP hace ¡por España!". Más o menos así debería ser su declaración.

Aunque lo digo con algo (bastante) de coña, creo que es lo mejor que podría hacer el bueno de Pablo. Adornando el asunto y aleccionando a sus voceros habituales, podría quedar como un patriota de altura. Rivera, que no se lo espera, se retorcería de rabia.

Pero lo tendría que hacer hoy... y queda muy poco tiempo. ¡Venga, Pablo!

22 may. 2019

ALBERT RIVERA


Ya dije en mi anterior entrada ELECCIONES GENERALES 2019 que Albert Rivera me había decepcionado, especialmente por cómo había gestionado la campaña electoral en las elecciones del 28 de abril pasado. Ahora, por lo que le estoy viendo en la de las próximas elecciones (próximo domingo), me temo que mi decepción va en aumento; en realidad, de haber sentido decepción he pasado a tener manía a este político catalán. Me explicaré.

Sus credenciales

Como es sabido, Rivera inició su andadura política pública como líder del partido "Ciudadanos" (del que fue fundador), como beligerante respuesta política a las iniciativas secesionistas del independentismo catalán; sus inicios como cargo electo fueron en 2006 en el Parlament de Catalunya y en 2015 obtuvo el acta de diputado en las Cortes Generales de España. Según alguna información (sin contrastar), parece que previamente había tenido alguna vinculación con Nuevas Generaciones del PP, aunque no está claro que hubiera militado en ese partido.

Por otro lado, en sus comparecencias públicas de proyección nacional se autodefinía de "centro", situándose entre los dos partidos políticos que hasta hace unos pocos años ocupaban, casi exclusivamente, el escenario político español: en la derecha el PP, y en la izquierda el PSOE. En esa posición fue muy crítico con los citados partidos por los casos de corrupción que ambos protagonizaron, mostrándose como alternativa regeneradora.

Resumiendo, los rasgos principales del perfil político de Rivera han sido:
  • Beligerancia con el nacionalismo catalán
  • Posicionamiento en el "centro" político, entre el PP y el PSOE
  • Regeneración de la política o lucha contra la corrupción
Por otra parte, hay que decir que Rivera —joven (actualmente, 40 años) y guaperas— ha dado la impresión de que es una persona inteligente, a la vez que ha hecho gala de una gran fluidez verbal, lo que le ha permitido que sus discursos políticos resulten de gran brillantez.

Con estas condiciones y la ayuda de su equipo (en el que destaca Inés Arriadas), Rivera ha conseguido, tanto en el Parlament como en el Congreso, hacerse con una importante presencia y que en este momento ocupe el tercer lugar de los partidos políticos en el Congreso de Diputados (a corta distancia del PP), autoproclamándose "jefe de la oposición".  O sea, hasta ahora, ha tenido una trayectoria política vertiginosa y brillante… y parece que quiere seguir ascendiendo.

Su actual estrategia

Está claro que de un tiempo a esta parte ha cambiado de forma notoria su estrategia política. Ha abandonado el "centro" y se ha escorado a la derecha, mostrando sin disimulo su objetivo de reemplazar al PP como principal partido de la derecha de España. Para mí, este ha sido un gran error, porque, aunque pudiera conseguir superar al PP, de nada le va a servir en sus aspiraciones para ser Presidente del Gobierno, ya que va a tener una importante sangría de votos por el centro y por la izquierda. Es mi predicción.
No sé si, como se dice ahora, sorpasará al PP, aunque no lo veo muy difícil a la vista de la endeblez política e intelectual de Pablo Casado (actual líder del PP), pero de lo que no tengo dudas es de que, si mantiene —como se evidencia en estos días— el duro e inmisericorde discurso contra el PSOE que viene exhibiendo desde la pasada campaña de las Generales, no tiene nada que hacer. Porque a mí me parece que, en el momento en que estamos, en el electorado español las mayorías se consiguen ocupando el centro y evidenciando, principalmente, sensatez y moderación, dejando para los que ocupan los extremos la agresividad, la descalificación y el insulto. Está bien mostrarse contundente y convencido de las propias ideas o, mejor, de las fórmulas de gobierno de cada cual, pero no creo que la acidez y la permanente beligerancia sean un buen reclamo para conseguir la adhesión de la mayoría de votantes.

Por el comentado escoramiento y por el endurecimiento de su discurso le estoy cogiendo manía al bueno de Albert.

Y, por otra parte, en relación con el conflicto catalán y si aspira al gobierno de España, tiene que despojarse de su agresividad y mostrarse más dialogante, sin que esto suponga abdicar de sus convicciones y sin que represente debilidad. Ya todos sabemos de sobra que está en contra del independentismo, o sea, que es un aguerrido defensor de la unidad de la nación; por eso no tiene necesidad de estar proclamándolo permanentemente. Lo que debe saber es que un jefe de gobierno (a lo que aspira) tiene que afrontar los problemas con más inteligencia y que no puede mostrarse como un vulgar hooligan futbolero, manifestando, en cuanto tiene ocasión, de forma ácida, abrupta y desconsiderada, su beligerancia contra los políticos independentistas. Al fin y al cabo, estos son representantes elegidos por ciudadanos de la nación a la que aspira gobernar, y en democracia todas las ideas tienen cabida (siempre que se respete la Ley).

Me parece que su beligerancia inmisericorde con los políticos catalanes que están siendo enjuiciados actualmente es absurda y excesiva. Sin ir más lejos, ayer, en la sesión constitutiva del Congreso de Diputados, se destacó pidiendo medidas contra los políticos catalanes en prisión provisional que acudieron a recoger sus actas. Se quedaría muy a gusto, pero creo que se pasó. Los políticos contra los que arremetió llevan en prisión más de año y medio sin haber sido condenados aún y sin haber sido acusados de un "golpe de estado", como incorrectamente suele decir Rivera. Puede que este tipo de actitudes complazcan a los sectores más a la derecha y a los ultranacionalistas españoles, pero creo que, en general, le va a costar caro en términos electorales, sobre todo en Catalunya, como quedó evidenciado en las pasadas elecciones Generales y me temo que se evidenciará en las elecciones del próximo domingo. Ahora bien, si lo que quiere es demostrar que es el patriota español más gallito o chulito, puede que algunos le reconozcan tal distinción. A mí no me gusta.  

Rivera tiene que asumir que, por lo que tengo entendido, en Catalunya hay una clara mayoría social que está a favor de un referéndum sobre la posibilidad de independencia, que, según dicen, ahora no es legal, pero que podría serlo si las leyes se cambiasen o tuvieran otra interpretación; y, además, tiene que saber que no todos los que están a favor del referéndum tienen intención de votar a favor de la independencia. Supongo que debe saber que, como ya he dicho en alguna entrada anterior, los catalanes son muy suyos y lo que quieren es tener la capacidad de decidir por ellos mismos. Y para contrarrestar esa tendencia o se usan razones o, si no, la fuerza. Y esta puede no ser muy aconsejable en estos tiempos en el espacio geopolítico en que estamos.

Así que por la rigidez de sus planteamientos antiindependentistas y por su ácida agresividad permanente hacia los políticos catalanes que están siendo enjuiciados, también le he cogido manía al Sr Rivera.

Estoy seguro de que Rivera, como antinacionalista catalán, habrá tenido muchos problemas en su tierra (Catalunya). Creo que el comercio de sus padres ha sufrido algún atentado o pintada, supongo que él habrá soportado insultos y cosas peores (creo que, incluso, alguna amenaza de muerte), que habrá padecido ofensas de todo tipo, etc., todo lo cual no tiene justificación y es totalmente rechazable. Es la consecuencia de la fractura social que está sufriendo Catalunya, en la que los salvajes encuentran terreno abonado para sus salvajadas. Pero él, como político destacado, lo que tiene que hacer es pedagogía para rebajar la tensión, o sea, articular un discurso y mostrar una actitud política que contrarreste la de los líderes independentistas para, así, convencer a los ciudadanos, especialmente a los catalanes, de su mensaje prounionista, procurando resaltar los aspectos positivos y tratando de evitar crispación a la sociedad. A mí me parece que es su obligación como presidente del partido más votado en las últimas elecciones al Parlament. Si no está dispuesto a cumplir con esa obligación o no sabe, lo mejor que puede hacer es dedicarse a otra cosa… o solicitar el alta en Vox. Si hace esto último me vendría bien, porque así podría justificarme por la manía que le he cogido.
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COMENTARIO ULTERIOR (26-06-2019): En las últimas semanas (después de haber publicado este post), Albert Rivera ha tenido que enfrentarse a serios desencuentros con varios personajes importantísimos de su formación política y con algún otro personaje relevante cercano ideológicamente a ella, que han criticado duramente la gestión de Rivera -ya comentada en el post- en los últimos meses. Como consecuencia, el partido ha tenido varias dimisiones de notables. Todo hace pensar que en Ciudadanos gravita el riesgo de una fractura interna. Y todo por el negativo cambio de rumbo político que, como comenté en el post, ha experimentado el líder de Ciudadanos. Lo puede tener difícil. 
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OTRO COMENTARIO ULTERIOR (11-11-2019): En las Elecciones Generales celebradas ayer, el partido de Rivera, Ciudadanos, ha sufrido un descalabro histórico (en España, solo superado por el de la UCD en 1983). En las anteriores elecciones (abril 2019), Ciudadanos había conseguido 57 diputados y ahora se ha quedado en 10; o sea, ha perdido 47 escaños que equivalen al 82,5% de los que tenía. Y todo por la ridícula, absurda y deplorable actuación de Rivera al no mostrarse dispuesto a apoyar al PSOE -en un gobierno de coalición o con cualquier otra fórmula- tras las elecciones del 28 de abril de 2019. Está claro que se comportó como un perfecto gilipollas; lo de ayer se lo mereció. Esta mañana ha presentado su dimisión como presidente de Ciudadanos; también ha dicho que abandona la política. Esta vez ha hecho lo que debía.