7 ago. 2020

EL REY BOBO

Hace ya casi 30 años, Imanol Uribe dirigió la peli «El rey pasmado», basada en el libro del mismo título de Torrente Ballester. Trataba sobre las experiencias y tendencias sexuales  del rey Felipe IV, y de cómo veían sus apetencias los notables de la Corte. Ayer, mientras veía en la tele un reportaje sobre Juan Carlos I, me vino a la cabeza el título de esta peli pero con el adjetivo cambiado —bobo, en lugar de pasmado—. Porque viendo y escuchando al exrey, es lo que me pareció: un bobo.

Listo: Ya me extrañaba que no dijeras nada después de la movida mediática de los últimos meses al conocerse lo que ha contado la tal Corinna, examiga (fuerte) del exrey Juan Carlos, que ha culminado con la carta de este a su hijo, Felipe VI, de hace unos días, anunciando su salida de España.
Julio: Es que llevamos unos días en que todo dios está hablando de eso: ¿Qué iba a decir yo que no se hubiera dicho ya? Pero el reportaje que dieron ayer en la tele repasando la vida de Juan Carlos de Borbón me ha animado. Es que en el reportaje, además de verse imágenes de su vida, intervenía Juan Carlos comentándolas, bueno, diciendo «algo» sobre lo que se nos mostraba. Y sus «comentarios», dichos, con «su» naturalidad, sin leerlos, evidenciaron la impresión que todos, más o menos, teníamos de este personaje: el emérito es muy bobo, o sea, un perfecto sopazas.
L: ¿Sopazas? A ver, explícate.
J: Pues un simplón y muy elemental en sus opiniones, incapaz de decir algo de interés… En fin, un bobito, en el que se evidencia sus limitaciones intelectuales. Me acordé de un chiste que se contaba en los tiempos en que ejercía de príncipe heredero.
L: Venga, Julio, cuéntalo.
J: Estaba el príncipe con la boca abierta (como habitualmente se le veía) en un acto escuchando lo que se decía. Uno de sus ayudantes se le acercó.
—Señor, cierre la boca que le van a entrar las moscas.
—¿Y qué hago con las que tengo dentro? 
(Al decir esta pregunta, el narrador debe distorsionar la voz, haciendo notar que tiene la boca ocupada).
L: Bueno… es graciosillo. No sé, Julio. Aquí, en España, se le quería bastante. Incluso muchos que no se consideraban monárquicos se proclamaban juancarlistas.  O sea, tenía bastante prestigio. Aun sabiendo que fue nombrado por Franco.
J: Ya que dices esto y admitiendo que, como la inmensa mayoría, no puedo saber por qué lo eligió Franco para sucederle, siempre he tenido la sensación de que sería, precisamente, porque el dictador se daría cuenta de que Juan Carlos era bobito. Así saldría muy airoso en las inevitables comparaciones que la ciudadanía haría una vez fallecido Franco, pensaría este.
L: Pues parece que le salió el tiro por la culata, porque, como te he dicho, aquí ha tenido mucho prestigio, al menos hasta hace unos años, cuando han empezado a salir sus líos de faldas y de dineros sucios.
J: ¿Prestigio? Lo que es reconocido por todo el mundo es que se le ha «cuidado», tanto por los políticos (de los dos grandes partidos) como, sobre todo, por la prensa. Ahora se está viendo a muchos periodistas reconociéndolo vergonzantemente. Y lo han cuidado precisamente porque es bobo, y lo necesitaba. Si se hubiera querido lo habrían destrozado, porque ha tenido que cometer muchas torpezas. Algunas las hemos conocido «muy por encima»; otras, las últimas, ya no se han podido ocultar. Por otro lado, la monarquía ha sido útil: los gobernantes la han manejado bien y a los ciudadanos no les ha dado guerra. Ha habido una especie de entente cordiale general para soportar al bobo. Hasta que, como es bobo, se excedió en sus torpezas.
L: Pero, en lo del 23-F, se le atribuye el fracaso de los golpistas. Y ese fue un gran servicio a la nación.
J: Nunca sabremos lo que, entre bastidores, pasó ese día, desde que Tejero entró por la tarde en el Congreso hasta que el Rey, sobre las 13:30 de la madrugada siguiente —más de 7 horas después—, apareció en la tele para dar a entender que el golpe estaba desactivado. Creo que muchas cosas no han quedado claras; sobre todo, el papel del rey en aquella revuelta militar promovida por quien fue preceptor de Juan Carlos; o sea, por un general muy cercano al exrey. Incluso, hace no mucho escuché a Pilar Urbano decir que el discurso del Rey fue grabado a las 21:30 y resultaba ambivalente, es decir, que se preparó para que el apoyo regio pudiera servir tanto a los golpistas como a la legalidad vigente, según conviniera por el desarrollo de los hechos que estaban produciéndose. Pero, lo que ha quedado es que el Rey salvó la democracia. Y ese es el gran mérito que le atribuyen sus afines en sus 39 años de reinado. A mí, considerando tan bobo al exrey, me cuesta atribuirle ese mérito.
L: Pues igual es que es más listo de lo que tú crees.
J: Listo sí que es; yo he dicho que es bobo, no tonto, que es, a mi entender, el antónimo de listo. Si no hubiera sido listo no habría llegado a donde llegó: a ser rey. Pero al final, como es bobo, se ha quedado en listillo. (Ver DE TONTOS Y LISTOS de este blog).
L: Bueno, bueno. Y de los líos de faldas, ¿qué opinas?
J: Me parece bochornoso y muy propio de un primario sopazas. Un tipo, cuyo único mérito es ser hijo de su padre; que llega, sin gran esfuerzo, a ser la persona más importante —que se dice pronto— de un país como España; que llegó a tener todo lo que para cualquier mortal sería lo máximo que se puede tener en la vida, y, por tanto, imposible de alcanzar para cualquier persona, pues ¡él no se conforma! ¡Le parece poco! ¡Quiere más!, o sea, follarse a las tías buenas que conoce y que le ponen cachondo. ¡Y si hay que pagar, se paga!, ¡lo que haga falta!, que para eso soy el rey, se diría el bobo.
L: Es un hombre; hay que entenderlo.
J: Lo que hay que entender es lo que te acabo de decir. Y por no entenderlo, es decir, porque es bobo, le ha pasado lo que le ha pasado y lo que le podría pasar, ¡por bobo!
L: Y ya que estamos en esto, ¿qué te parece la Corinna?
J: Pues no lo entiendo. Me parece una lista que al ver que su amigo el rey estaba «coladito» se habría querido aprovechar… y parece que, de momento, lo ha conseguido. Se dice que el  entonces rey le «regaló» ¡65 millones de euros! No me lo creo, es bobo pero no tonto. Aunque no se dice, yo creo que Juan Carlos, en su torpeza, se los transfirió para que se los «guardara» en alguna cuenta opaca, y luego ella, que es una lista, no ha querido devolvérselos y de ahí viene el follón.
L: Podría ser. Dicen que el dinero que recibió Juan Carlos procedía de Arabia Saudí, por lo del Ave a La Meca.
J: Sí, eso he oído, pero no lo entiendo. Las comisiones las suelen pagar las empresas que luego cobran las obras que realizan; no los que pagan las obras. Hubiera entendido que la empresa española le hubiera pagado al Rey si este hubiera influido en la adjudicación de la obra. Ya digo, no lo he entendido. Es que nos cuentan las cosas como quieren, no como son, Listo; de estas cosas, créete de la media la mitad.
L: Entonces, tampoco habrá que creerse que la culpa de la reciente salida de España del emérito es de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias.
J: Eso es lo menos creíble de todo. En marzo de este año, Felipe VI retiró al emérito su asignación económica y, además, renunció a la posible herencia de su padre. Imagina qué marrón de su padre tenía que conocer el actual rey para hacer eso. ¿Qué delitos habrá podido cometer el bobo? No sé si algún día lo sabremos; pero de lo que no cabe duda es de que si se ha ido sin decir el porqué ni a dónde es porque temerá que alguna de sus torpezas le pueda costar cara y, de momento, ha considerado conveniente poner tierra y mar por medio. En esto, es obvio que Sánchez e Iglesias no han tenido nada que ver; salvo lo que al primero le competa por su cargo de Presidente del Gobierno.
L: Bueno, Julio. Has puesto a caldo al emérito. Antes no atrevías, ¿no?
J: Pues no. Si he dicho lo que te he dicho es porque se ha «abierto la veda» en la caza del exrey; si no, no me hubiera atrevido. Aunque en mi post del 2013 MORRUDOS de este blog ya decía algo de Juan Carlos I, entonces rey en activo. Pero, por si no lo sabes, te diré que cuando, en privado, desde hace muchos años he hablado sobre él, siempre le ha definido como «homicida, perjuro y traidor»:
  • Homicida, porque mató a su hermano pequeño, Alfonsito, de 15 años. Aunque dicen que ambos estaban jugando con una pistola que se disparó, sí parece que está asumido que era el bobo (18 años, entonces) quien la tenía en su mano cuando salió el tiro en la cara que mató a su hermano.
  • Perjuro, porque incumplió el juramento, que hizo públicamente en Las Cortes, de acatar los principios del movimiento franquista y sus leyes.
  • Traidor, porque colaboró con Franco para usurpar el lugar que en la dinastía borbónica le correspondía a su padre, Juan de Borbón. Parece que al padre no le sentó bien la traición del hijo, lo que se evidenció en las imágenes que vimos en la tele de la ceremonia de renuncia a la corona por parte de D. Juan, que se celebró en 1977 cuando Juan Carlos era ya rey (desde 1975).
Pero los bobos a estas cosas no le dan importancia; ellos solo van a lo suyo…

3 jul. 2020

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31 may. 2020

LOS MISERABLES


No voy a hablar de la conocida obra de Victor Hugo, cuyo título coincide con el de esta entrada. No, simplemente me propongo exponer mi reflexión sobre el adjetivo que, de un tiempo a esta parte o, mejor dicho, durante la maldita pandemia que nos está afectando, es el que con más frecuencia me viene a la cabeza cuando veo, oigo o leo lo que dicen nuestros políticos. Bueno, debo confesar que miserable es, a la vez, de los más suaves; alguno de los epítetos que se me escapan en voz alta cuando veo en la tele a los políticos más importantes de los partidos de la derecha o ultraderecha suelen ser mucho más fuertes, por eso no los reproduzco aquí, solo diré que uno de los que más utilizo hace referencia a la madre del calificado —y reconozco que eso está muy feo—. O sea, a veces los califico de forma parecida a como lo hizo recientemente la portavoz del PP, Álvarez de Toledo, refiriéndose al vicepresidente Iglesias. 

El término miserables también lo he leído en algún artículo de los opinadores críticos con el comportamiento de la derecha en estos días, lo cual me ha agradado porque así he visto que no era una ocurrencia exclusivamente mía. Parece que hay bastantes otros a los que les pasa lo mismo que a mí al escuchar lo que dicen Abascal, Casado y sus adláteres. Y como la tengo más cerca, también me tengo que referir a la repulsiva —para mí— Díaz Ayuso.

Miserable es un adjetivo calificativo muy negativo y rotundo, que, curiosamente, tiene muchos sinónimos. Supongo que será porque, entre las debilidades del ser humano, su tendencia a comportarse mal —o sea, a ser malo— ha hecho que en nuestro idioma surgieran muchos adjetivos, cada uno con sus matices, para calificar tal tendencia y su materialización en el comportamiento del calificado. Así, dependiendo de la condición, característica, peculiaridad que el hablante quiera resaltar, también valdrían otros sinónimos, como son canalla, despreciable, ruin, vil o, incluso, bellaco. Pero a mí, miserable me parece el más expresivo.

Por eso creo que hay que ser miserable para que, en una situación sociopolítica tan grave, tan imprevista, tan compleja tan difícil y, además, inédita como la que estamos viviendo, que al Gobierno de España —como a los de los demás países de casi todo el mundo— le ha tocado afrontar, los voceros de los partidos de la derecha, de forma continua e inmisericorde, sin tregua, y de la forma más agresiva que pueden, estén en una permanente mal entendida oposición ¿? al Gobierno, en la que no faltan los más groseros insultos —incluido el de criminal—, las denuncias judiciales, las trabas y todos los obstáculos que se les ocurren para denigrarlo, vejarlo, desprestigiarlo  y, lo peor, dificultarle la tarea que le ha tocado afrontar: combatir la pandemia. Incluso, da la impresión de que estos miserables están deseando que la cifra de afectados y fallecidos crezca cuanto más mejor, para así encontrar motivos para, en su miseria, justificar la intensificación de sus dardos dialécticos. 

Y no vale que traten de escudarse o justificarse en los errores que haya podido cometer el Gobierno, que seguro que ha habido unos cuantos, unos graves y otros menos trascendentes. No; porque en este asunto tan grave y complejo es normal que haya fallos, tanto en la previsión como en la gestión, porque ningún gobierno tenía preparada la hoja de ruta para combatir esta, hasta ahora, desconocida pandemia. Y la evidencia está en que España, con un plan de acción parecido, supongo, al de los demás países más afectados por la pandemia, como es el caso de Italia, Francia, Reino Unido —por citar los más importantes de los cercanos— e incluso el poderoso USA, está sufriendo un daño parecido al de los demás. Aunque es seguro que en estos otros países el comportamiento de la oposición no ha sido tan negativo como en el nuestro. Es decir, no han tenido que sufrir o soportar una oposición tan miserable como aquí.


Y lo peor de todo es que los miserables van a continuar con su actuación destructiva. ¡Son incansables! Para esto cuentan con la importante colaboración de, por un lado, algunos medios de comunicación y, por otro, de sus incondicionales. Entre los primeros destaca el comunicador radiofónico Federico Jiménez Losantos, que cada mañana alienta a la oposición para que mantenga su miserable beligerancia contra el Gobierno. Y lo hace sin escatimar insultos, mentiras y las más zafias descalificaciones. Obviamente, también se ha hecho acreedor al calificativo que nos ocupa: miserable; aunque puede que le vendría mejor el de «canalla». Aparte, está la emisora de TV El Toro TV, que cada día, sin tregua, anima a Vox a mantener su actitud, ensalzando toda su actividad agresiva y descalificadora hacia el Gobierno, y si no aportan ideas a Vox es porque no dan la talla.

Y por último debo decir algo de los ciudadanos incondicionales de Vox, que, con ridícula y absurda disciplina ideológica, ante los ya comentados comportamientos de la oposición, se creen todas las barbaridades, patrañas y bulos que los miserables puedan poner en circulación  por las RRSS, sobre todo por WhatsApp. Y así, sin ningún filtro o comprobación y con una preocupante actitud seguidista, asumen —con subordinación y automatismo intelectual— lo que los miserables quieren que se divulgue. Y en esto no les preocupa que sea cierto o no, lo importante es que sirva para dejar en mal lugar al Gobierno. También estos incondicionales de Vox son los que siguen sus consignas en relación con la participación en caceroladas y manifestaciones.

La obra Los miserables se desarrolla en una época convulsa de la Francia de la primera mitad del siglo XIX. Los miserables de los que he hablado no tienen nada que ver con los del retrato literario de Victor Hugo; los de ahora son mucho peores y más peligrosos. En fin, la situación política está muy alterada. No sé cómo acabará. Los miserables son muchos y además no son tontos; también son numerosos sus incondicionales. Confío en que el resto, los ciudadanos corrientes en los que prima la sensatez, aunque no tan beligerantes seamos más. En democracia es lo que importa.




3 may. 2020

LA DESESCALADA


A partir de ayer parece que se puede salir de casa para determinadas actividades, en determinados horarios y en determinados espacios. Comienza, pues, el llamado proceso de desescalada. ¡Qué bien!, pero no voy a hacer ni puto caso.

Porque yo no voy a salir. Me niego a salir con el condicionado impuesto. Sobre todo, porque a los mayores de 70 años nos han limitado a que demos un solo paseo diario entre las 10 y las 12 de la mañana o 7 y 8 de la tarde. Es decir, han establecido un horario exclusivamente para viejos, porque a los que aún no han llegado a septuagenarios les han puesto un horario distinto (y más amplio) a lo largo del día para que no coincidan con nosotros en el tiempo ni en el espacio. No tengo claro si lo han hecho para que no nos contagiemos o para no contagiar, nosotros, a los demás.

Quiere decir esto que los putos (con perdón) viejos no vamos a poder convivir con los demás; entendiéndose en este caso la convivencia como, por ejemplo, salir a correr o a hacer ejercicio a la misma hora y por el mismo sitio; o salir a dar un paseo por los alrededores (máximo 1 Km.) de nuestro domicilio. Me ha parecido humillante, por eso, reitero, no voy a hacerles ni puto caso.

Dicen que los viejos somos el grupo con mayor riesgo de letalidad por la pandemia. Vale, lo admito, a juzgar por los datos que conocemos. Pero, precisamente por eso, o sea, por la cuenta que nos tiene, los viejos deberíamos ser considerados como el grupo con mayor grado de prudencia y sensatez, porque el acopio de años no tiene, necesariamente, que atontar. Al contrario, se suele decir que la experiencia es un grado o que más sabe el diablo por viejo que por diablo. Pues esta característica positiva de los viejos no se ha tenido en cuenta en absoluto. Imperdonable, Sr. Sánchez.

Creo que las medidas gubernamentales relacionadas con la pandemia que padecemos han dado pie a la crítica más desaforada, intensa y ácida que ha soportado ningún Gobierno en España. Incrementada y divulgada con una intensidad que no habíamos conocido, debido a la presencia de los medios de comunicación y, sobre todo, a la utilización de las RRSS. A Sánchez le han dicho de todo, desde incompetente a criminal, pasando por mentiroso y otros terribles calificativos. A mí, la mayoría de la crítica que le han hecho me ha parecido inapropiada y basada, exclusivamente, en intereses partidistas de sus rivales políticos. Me ha parecido repugnante. 

Pero, curiosamente, aunque todos los medios de comunicación se están ocupando, prácticamente de forma exclusiva, de la tan cacareada desescalada, no he escuchado ninguna crítica a lo que a mí me preocupa y molesta: la discriminación de los viejos en su reciente normativa.

¿Qué hubiera pasado si, por ejemplo, se hubiese establecido un horario diferente para hombres y mujeres? Lo podrían haber hecho con la justificación de evitar la simultaneidad en la salida de los domicilios. Se hubiera montado un pollo de mil demonios; seguro. Pero, como he dicho, sobre la discriminación de los viejos nada de nada. Es decir, no importa nada.


¿Será que no es tan grave como a mí me parece? ¿O será que los que escriben o hablan en los medios no han llegado a los 70 años y no les importa lo que pensemos o sintamos los que ya los hemos sobrepasado? Sea como sea, a mi me ha jodido… y mucho. Así que me quedo en casa. Seguiré disfrutando de las estupendas vistas que tengo (una parte se puede apreciar en la foto) y de la bici estática mientras las contemplo.

Pero, Pedro, te recuerdo que no te lo perdono.

19 abr. 2020

EL CORONAVIRUS Y LAS DOS ESPAÑAS


Lo del coronavirus es desde hace ya un par de meses —y sobre todo desde que el 14 de marzo se decretó el «Estado de alarma»— el tema casi exclusivo de todos los medios de comunicación; es normal, porque el asunto es de extrema gravedad. Por eso no me atrevía a decir nada aquí; pero he cambiado de opinión y he tenido una charla con mi habitual interlocutor, Listo.

Listo: La cosa no está para frivolidades, Julio. Y me da en la nariz que quieres soltar alguna. ¿No, Julio?
Julio: No te alarmes, Listo. Lo que está pasando es muy serio y el horno no está para bollos. ¿O es que me consideras como esos imbéciles a los que les gusta hacer chistes —la mayoría, penosos— o montar infumables vídeos, que luego divulgan por las RRSS?
L: Es que no me fío de ti. A ver, ¿qué quieres contar?
J: Lo primero y para situarnos, permíteme que mencione la locución «las dos Españas», que supongo que habrás escuchado más de una vez, tanto en conversaciones informales en el bar como en comentarios políticos en los medios de comunicación.
L: Pues sí. Se suele utilizar para dar a entender la gran diferencia de posicionamientos políticos entre las derechas y las izquierdas en nuestro país. Yo creo que esa percepción proviene de la guerra civil o, incluso, de antes.
J: Efectivamente, Listo. Y por eso casi todos tenemos interiorizado que el antagonismo entre la derecha y la izquierda en España no tiene remedio, por lo que resulta poco menos que imposible que haya entendimiento o colaboración entre ambas posiciones para resolver los más graves problemas de Estado que se pueden haber planteado o se puedan plantear, que, en una situación ideal, requerirían la colaboración de todas las fuerzas políticas —aunque fueran de ideologías opuestas— o, al menos, de las más importantes.
L: Pero esto, supongo, también ocurrirá en otros países de nuestro entorno; así es la política, Julio.
J: No creo que ni sea ni que deba ser así. Por eso, siempre que he intervenido en alguna conversación o discusión sobre estas cosas he dicho lo mismo: para resolver este indeseable antagonismo, España necesitaría verse en una guerra contra un enemigo exterior.
L: ¡Jo, Julio! Ya has soltado tu ocurrencia. O sea, para mejorar el clima político interior, deberíamos declarar la guerra, por ejemplo, a Portugal, Francia o Marruecos, que son los que tenemos más a mano. Si digo yo… El confinamiento te está afectando a las neuronas.
J: No, hombre, no. Es obvio que esa «solución» sería mucho más grave que el problema. Pero fíjate: refiriéndome a los países de Europa, sobre todo, a los que, por lo que sabemos, hacen gala de un patriotismo generalizado y común en sus ciudadanos y, por tanto, en las diversas fuerzas políticas que los representan, se ha dado el hecho de que en su historia reciente, especialmente en el siglo XX, han sufrido invasiones bélicas y, en consecuencia, estos países —todos sus ciudadanos— han tenido que guerrear contra los países invasores. Las dos guerras europeas (1914 y 1940) han sido un claro ejemplo de lo que digo.
L: Aquí también hubo una guerra en el siglo pasado.
J. Si, pero fue civil. O sea, de unos españoles contra otros. Es decir, las dos Españas combatieron entre sí. Y después hubo una dictadura o posguerra de 40 años en la que las heridas se mantuvieron sangrantes. Dicho de otro modo, el odio generado en la guerra civil se mantuvo —por no decir, se incrementó— entre los dos bandos a lo largo de la dictadura. Y, aunque en 1978 hubo un pacto que, desde entonces, nos ha permitido convivir civilizadamente, las heridas y los odios aún permanecen; en muchos casos se han transmitido generacionalmente, y parece que algunos están empeñados en esta tarea.
L: Pero en todos los países se da el antagonismo izquierda-derecha; no es exclusivo de España.
J: Pero en otros países —especialmente los de nuestro entorno— con connotaciones casi exclusivamente de tipo socioeconómico. O sea, sin entrar en pormenores, por un lado, están los poderosos (el capital y la burguesía), y, por otro, los económicamente más débiles (los trabajadores). Pero, si las circunstancias obligan, se unen o, al menos, se entienden; en general, todos, los unos y los otros, veneran su bandera y su himno, y, según creo, el patriotismo no es exclusivo de ninguno de los dos bloques. 
Aquí, en España, no pasa eso; la evidencia está en que no tenemos ni letra en el himno. Aquí está muy presente lo de «las dos Españas». Y eso afecta negativamente a nuestra convivencia, y se evidencia cuando surgen problemas de gran importancia como es el que padecemos ahora.
L: O sea, quieres decir que no tenemos remedio.
J: Pues sí, más o menos. Pero recientemente ha surgido una nueva, imprevista y terrible circunstancia que podía haber remediado el problema o, al menos, contribuido al inicio de su solución. Me refiero al maldito coronavirus.
L: Ah, entiendo. Te refieres al coronavirus «invasor», ¿no?
J: Pues sí. Creo que su «invasión» podía haber sido el desencadenante para acabar con la  polarización que han representado «las dos Españas». Porque, para combatir al «invasor», lo lógico es que hubiera habido unión. Y mira que ha habido posicionamientos que hacían abrigar la esperanza de que fuera así: el presidente del Gobierno, en sus comparecencias, repitiendo las referencias a la «guerra» contra el virus; los ciudadanos, todos o casi, cumpliendo, desde el principio, con el confinamiento; los aplausos a todos los sanitarios; unidades del ejército ayudando, como nunca las habíamos visto, a todos los ciudadanos (limpiezas, desinfecciones, etc.); las fuerzas de seguridad, policías locales, bomberos, y otros servicios, alabados por todos. En fin, daba la impresión de que todo el país, por primera vez, acometía un objetivo común. Pero nuestros políticos —todos— lo han jodido; no han dado la talla; o sea, han desaprovechado la oportunidad.
L: Bueno, unos más que otros. Porque por lo que estoy viendo en los vídeos y comentarios que recibo por WhatsApp, el Gobierno lo está haciendo fatal; miente, se equivoca, lo engañan cuando hace compras, no atiende a los requerimientos de material que le hacen los hospitales, no informa, etc., y un sinfín de fallos de todo tipo que le imputan…
 J: Sí, también que está «aplicando la eutanasia» en las residencias de mayores, como dijo recientemente una impresentable (por no emplear otro calificativo mucho más duro) diputada de Vox. No te creas todas estas cosas, Listo. Lo que recibes es la consecuencia de que una de las dos Españas (la de derechas), encabronada porque la otra está en el poder y, más aún, porque lo comparte con el rojazo Iglesias, anda despotricando con falaces argumentos, bulos y mentiras para tratar de posicionar la opinión pública a su favor o, al menos, para mantener beligerantes a los incondicionales de «su España». Para mí, todo ese tráfico por las RRSS me parece de puta pena.
L: ¿Tengo que entender que eres de los que cree que Sánchez ha hecho o esta haciendo bien las cosas?
J. No, no he dicho eso. Al contrario, creo que el Gobierno no lo está haciendo bien; porque, además de cometer errores en la gestión de los aspectos sanitarios de la pandemia —lo cual podría ser disculpable ante una situación inédita y supercomplicada como la que le ha tocado afrontar—, creo que Sánchez ha cometido graves errores políticos, por los que, en su momento, deberá rendir cuentas. En mi opinión, cuando las aguas se tranquilicen, en el PSOE deberían cuestionar seriamente su continuidad como líder. Pero, que te quede claro, Listo, no por lo que le achacan desde la derecha; en su gran mayoría, mentiras y patrañas. Para mí, su gran pecado como jefe del Gobierno ha sido su incapacidad para haber formado un frente común ante el «invasor», con la participación también de la derecha política.
L: Deduzco que exoneras a Casado de toda culpa en la falta de entendimiento con el Gobierno, ¿no?
J: Ni mucho menos; al revés. También el líder del PP, Pablo Casado, lo está haciendo fatal. Desaprovechó la ocasión de la que hablé en LO TIENES A HUEVO, PABLO , y desde entonces no ha hecho otra cosa que el tonto, en una permanente actitud de absurda beligerancia, tratando, en clara competición con Vox, de atacar y descalificar a Sánchez a base de ridículas críticas, en un momento de máxima gravedad como el que estamos viviendo, en el que se requería que la oposición mostrara un talante colaborador. Es decir, tampoco ha sabido aprovechar la pandemia para romper el pernicioso atavismo de «las dos Españas». La derecha debería buscar otro líder cuanto antes.
L: Y qué tienes que decir de los demás líderes.
J: De los demás no digo nada porque no viene al caso. O están muy condicionados por la ideología que representan (caso de Vox) o su relativo poco peso les impide ser decisivos o determinantes. O sea, no cuentan o cuentan poco para acabar con el secular problema de «las dos Españas».
L: No te mojas sobre Pablo Iglesias, ¿eh, Julio?
J: A Iglesias, aunque ya sabes que de un tiempo a esta parte no me está cayendo nada bien, especialmente desde que «nombró» ministra a su mujer —de lo que ya hablé en LA PAREJITA—, no tengo que reprocharle nada. A mi entender, ha hecho lo que debía hacer como líder de su formación política; formación que, no olvidemos, tiene tanto derecho como las demás a participar en el Gobierno si los votos y las circunstancias le son favorables, como le fueron tras las últimas elecciones.
Y últimamente, en relación con algunas propuestas económicas que se le atribuyen, ha hecho lo que, en mi opinión, le corresponde como líder de una formación política que, lógicamente, debe atender al sector social más desfavorecido (en términos económicos).
L: O sea, los culpables-responsables de no haber aprovechado la «guerra contra el invasor», y de que, en consecuencia, no se haya puesto remedio al problema de «las dos Españas» son, para ti, Sánchez y Casado. ¿Te he entendido bien?
J: Bueno… Y también el memo de ALBERT RIVERA , del que no merece la pena hablar; ya pasó a «mejor vida».