3 ago. 2018

LOS LÍOS DE LOS POLÍTICOS


 No aprenden; mejor dicho, no aprendemos.  Ya expuse en DEMOCRACIA DIRECTA-Referéndums por internet (primer post de este blog) cómo, en mi opinión, había que resolver las ásperas discusiones o controversias en que se enzarzan los políticos por asuntos que no estaban previstos en los programas electorales de los partidos que apoyan o se oponen al Gobierno. La fórmula: los referéndums por internet… y que decida la ciudadanía. Es la fórmula democrática por excelencia.

Lo que no vale es que por una iniciativa de una parte, que, generalmente, no suele requerir una medida de gobierno urgente, se organice una agria polémica entre los políticos, que suele encontrar entusiasta cobijo en los medios de comunicación (es lo que más les gusta), mientras que la generalidad de los ciudadanos contemplamos pasivamente la bronca — con más o menos indiferencia, aunque tengamos nuestra opinión— con la única curiosidad de ver qué parte se lleva el gato al agua; o sea, quién de los contendientes impone su criterio.

Ahora, en España, tenemos varias polémicas: Valle de los caídos y los restos de Franco, el enquistado problema de Catalunya (incluyendo lo de los presos), también lo del acercamiento de los presos vascos, lo de los inmigrantes. También hemos tenido recientes follones con los pensionistas y con el feminismo (de esto ya dije algo aquí ) y, más reciente aún, con los taxistas. Antes lo tuvimos (por citar algunas de las más agrias polémicas políticas) con lo del matrimonio homosexual, con lo de las conversaciones con ETA, etc. Dentro de poco, tendremos fuerte bronca con la eutanasia.

Aunque no necesariamente de forma directa, todas estas polémicas afectan a todos los ciudadanos simplemente por el hecho de ostentar tal condición, independientemente de la cercanía o lejanía de cada uno con el asunto en discusión; algunos —los más comprometidos o interesados en cada caso— organizan actos públicos reivindicativos o de protesta, así como manifestaciones en las calles, tratando de influir en los políticos para que la decisión sea la que les conviene, a lo que tienen todo el derecho del mundo. Y es que, efectivamente, todos los ciudadanos tenemos derecho a opinar sobre los asuntos que he citado antes, porque nadie había avisado que se iba a discutir sobre el asunto y, mucho menos, ningún partido había explicitado su posición en su programa de las últimas elecciones. Y si, por lo que sea, surge la polémica y la controversia, debe darse la oportunidad a todos los ciudadanos de opinar y posicionarse.  Y para eso solo hay dos opciones: o incluirlo en el programa electoral de las próximas elecciones o, si se requiere una decisión urgente, someterlo al referéndum.

Como ejemplo, me referiré al que, entre los que he citado, considero más simple (no por eso menos polémico): lo del Valle de los caídos. ¿No es lógico que el conjunto de la ciudadanía decida? Solo habría que preguntarnos si queremos que los restos de Franco y José Antonio continúen en el espacio público monumental en que actualmente reposan. Si tal espacio es propiedad del Estado, ¿quién tiene derecho a decidir sobre su utilización?, sobre todo si hay una polémica nacional sobre el asunto. Yo creo que es la ciudadanía. Con un referéndum se resolvería la polémica. Y si no, Pedro, inclúyelo en el programa de las próximas elecciones (si te atreves) y reta al resto de partidos a que también lo hagan (también, a ver si se atreven). Pero no nos montes el lío ahora, porque es evidente que no es un asunto urgente (aunque haya sido aprobado en el Parlamento). 

Y lo mismo en los asuntos más complejos ya citados que actualmente son objeto de polémica: taxistas, pensionistas, Catalunya y presos (en lo de las feministas no hay una polémica concreta; es una cuestión de educación). Lo que hay que hacer es preparar bien la pregunta o las opciones (en algunas cuestiones se podrían proponer varias) y someterlas al criterio de la ciudadanía; después, las diferentes fuerzas políticas deberán exponer sus razones y hacer pedagogía para defender sus posiciones, y, finalmente, cuando toque, los ciudadanos a votar desde casa (por internet). El resultado será un mandato para el gobierno y para la oposición, y los que no hayan obtenido el respaldo de los ciudadanos no podrá decir ni pío; la mayoría manda.

Es cuestión de asumir que en un sistema democrático limpio y moderno, ningún partido, aunque ocupe el Gobierno, tiene derecho a imponer su criterio sin el respaldo de las urnas en los asuntos del tipo a que me he referido. Los partidos gobernantes solo tienen derecho a poner en marcha las medidas de su programa; para otras cosas importantes y de gran controversia, como ya he repetido, hay que hacer uso del referéndum. Y esto no tiene nada que ver con otras cuestiones que son privativas del Gobierno, como es la gestión económica, los nombramientos y otros muchos asuntos típicos de la acción gubernamental, para los que, en todo caso, el Gobierno deberá ocuparse de conseguir los apoyos parlamentarios cuando sea necesario.

Resumiendo, los ciudadanos no somos tontos. Todos tenemos criterio para optar por lo que más nos gusta o nos conviene. Esta es la base de la democracia. Por eso, todos tenemos derecho a votar y a elegir a nuestros representantes. Pero no les damos un cheque en blanco; se les elige, en teoría, para que hagan lo que nos dicen que van a hacer (el programa). Para otras cosas, que nos pregunten. O sea, hay que acabar con los líos que causan los políticos cuando salen con iniciativas improvisadas (en muchos casos lo hacen para distraer) que causan gran controversia, mareando a los ciudadanos con innecesarias discusiones y polémicas. Como he dicho al principio, de esto hablé con más amplitud en el primer post de este blog DEMOCRACIA DIRECTA-Referéndums por internet . Aunque es un poco largo, animo a su lectura.


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COMENTARIO ULTERIOR (9 agosto 2018): En España, los medios de comunicación han difundido hoy con profusión la noticia de que el Senado de la República Argentina ha rechazado la propuesta legislativa para aprobar el aborto. Y esto después de una intensa y agria polémica y controversia social que había comportado numerosos debates y multitudinarias manifestaciones en la calle. Tras la decisión, parece que ha habido disturbios y protestas en la calle.

En mi opinión, este asunto es el paradigma de los que requieren un referéndum o que se expongan con claridad en los programas electorales los posicionamientos de los partidos que concurran a las próximas elecciones. Hay que quitar a los políticos la exclusividad sobre decisiones tan controvertidas como lo del aborto en Argentina. La decisión compete, directamente, a los ciudadanos.


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