20 ago. 2009

GOLES SON AMORES...

En España, cada día, la prensa escrita y los medios audiovisuales dedican buen número de páginas y de horas, respectivamente, al fútbol, especialmente al profesional, es decir, al espectáculo futbolístico; por tanto, no parece un tema apropiado para un lugar como éste, en el que me he impuesto tratar de ser algo original. No obstante, como soy muy futbolero, acepto el reto de intentar decir algo nuevo sobre el llamado deporte rey.

Lo que quiero es aportar elementos de juicio muy sencillos, como se verá, para esa minoría que aún no se ha sumado a la corriente general de ciudadanos que se consideran que saben de fútbol (lo que, en la mayoría de los casos, no es verdad), para que con tales elementos puedan participar en mejores condiciones que los demás cuando, por propio interés o por verse condicionados por las circunstancias, se vean en la necesidad o conveniencia de opinar de fútbol. Acaba de dar comienzo la liga española, que se presenta apasionante, por lo que es seguro que dará mucho de qué hablar, y hay que tener en cuenta que en determinados ambientes o círculos, incluso en los que están teóricamente más distantes del mundo del fútbol, una demostración de que “también” se entiende de fútbol puede ser un eficaz recurso para ganar o consolidar prestigio o, al menos, para quedar bien. Por tanto, si se presenta la ocasión hay que estar preparado. Aquello de “Yo de fútbol no tengo ni idea” o “Es que a mí el fútbol no me interesa” son expresiones ñoñas que, si bien antes servían como demostrativas de altura o exquisitez intelectual, ya no se llevan; ahora prima ser “también”, lo repito, entendido en fútbol, para lo cual recomiendo tener muy en cuenta lo que sigue.

Lo primero que conviene saber es que dentro del variado espectro del mundo del fútbol (futbolistas, entrenadores, árbitros, directivos, etc.), el colectivo que ofrece más posibilidades de lucirse al opinar es el de los futbolistas. Al enjuiciar las aptitudes de éstos es cuando realmente se puede hacer demostración de conocimientos sobre el tema. Opinar sobre los entrenadores, árbitros y directivos es como más burdo, menos fino; queda para los forofos y, además, la opinión sobre estos colectivos no está exenta de riesgos, por lo que recomiendo evitarla. Por eso, si surge la discusión convendría desviarla con un contundente “No sé por qué os preocupan estos personajillos, lo importante en el fútbol son los futbolistas; éstos son realmente el fútbol. Los … (aquí el nombre del colectivo sobre el que se habla) son actores secundarios; no les concedamos tanta importancia”. No es necesario aprenderse la frase de memoria; con otra parecida que incluya las palabras destacadas en negrita, dicha, eso sí, con evidente aplomo, se puede conseguir el mismo efecto: acabar con la discusión y, a la vez, dejar constancia de que “se entiende “ de fútbol.

Pero opinar sobre los futbolistas resulta más complejo. Por eso ni entre los partidarios del equipo al que pertenecen se ponen de acuerdo. Aquí es donde realmente se pueden lucir los “que entienden” de fútbol. Exceptuando a los 3 ó 4 futbolistas sobre los que hay unanimidad en considerarlos como “cracks” o “monstruos” (es importante utilizar estos términos al referirse a ellos, porque es síntoma de que “se entiende”), opinar sobre los demás tiene cierta dificultad, debido a que entran en juego los subjetivismos y, ya se sabe, “sobre gustos no hay nada escrito” y “para gustos están los colores”. También es terreno propicio para el lucimiento de pretendidos especialistas, que, haciendo uso de una retórica sobre aparentes cuestiones técnicas que suenan a teorías sobre los fundamentos de la biofísica, pretenden impresionar a quienes les escuchan para llevarles al convencimiento de que su opinión es la de un gran entendido y, en consecuencia, la que debe prevalecer. Pero, como veremos, esta retórica, si quisiéramos, se podría fácilmente rebatir. Tras leer este artículo, cualquiera, aunque nunca haya visto, ni en la tele, un partido de fútbol, contará con un eficaz recurso para formar criterio, que le permitirá emitir un juicio atinado e incontrovertible sobre cualquier futbolista y echar por tierra, si se quiere, la verborrea vacua y sin fundamento de estos charlatanes que, hablando de fútbol, se exhiben en las tertulias de oficinas, bares y terrazas, especialmente los lunes, y en otros ambientes en frecuentes ocasiones.

Vayamos, por tanto, a la metodología para tener una opinión acertada sobre los futbolistas. La primera regla es saber identificar a los “cracks” o “monstruos”. Para ello no hay más que estar al tanto de la sección deportiva de los noticieros de la TV o de la radio, u ojear la primera plana de los periódicos, especialmente de los deportivos (que se puede hacer de reojo cuando se pase por delante de cualquier quiosco) y ver qué nombre aparece junto a una cifra que se encuentre entre los 60 y 100 millones de euros. Si además aparece la foto de un joven guaperas, ya no hay duda. Es cuestión de retener el nombre y, en cuanto se mencione en cualquier conversación, adelantarse y ser el primero en decir “Es un crack o “Es un monstruo”, a poder ser con gesto grave, como de pleno convencimiento. Con sólo eso, todos los presentes interiorizarán que el que lo haya dicho “se nota que sabe” de fútbol.

Para el resto de futbolistas el método es también muy sencillo. Hay que dejar hablar a los demás; si en la conversación hay varias personas –y, sobre todo, si son de los que se consideran “entendidos”- es muy posible que haya controversia, es decir, que el futbolista en cuestión a unos les parezca bueno o muy bueno y a otros no tanto o malo. Hay que dejar que los intervinientes agoten sus argumentos, y cuando parezca que la conversación decae, seguramente sin haber llegado a ningún acuerdo, o sea, cada uno manteniendo su postura de partida, hay que hacer la pregunta clave: ¿Por cierto, no recuerdo bien cuántos goles metió en la pasada liga? (al preguntar hay que expresar interés; ladear la cabeza y levantar una ceja ayuda). Seguro que alguno lo sabe y responderá la pregunta. La cifra que se dé en la respuesta es la clave del método.

Si la cifra sobrepasa el 14, no hay que dudarlo, un “A mí siempre me ha parecido buenííísssimo (enfatizando en esta última palabra) es lo apropiado. Si alguno de los interlocutores muestra reticencias y saca a relucir algún pero, hay que mantener lo dicho con seguridad, para lo que se puede apostillar, en un tono entre conmiserativo y doctoral, con un muy efectista “Convéncete, Fulanito (aquí el nombre del interlocutor), los que la meten son los realmente buenos”. Si se percibe alguna maliciosa sonrisa o alguien dice alguna sinsorguez en referencia al doble sentido de la frase, lo mejor es no hacer ni caso, son ganas de introducir un elemento perturbador en la conversación para tratar de echar por tierra la exhibición de conocimientos futbolísticos en proceso. En todo caso, si alguien trata de rebatir la opinión inicial con argumentos técnicos vagos e incomprensibles se pueden atajar haciendo uso de un infalible No, si tú serás como algunos madridistas despistados que elevaron al melenitas Redondo a los altares balompédicos después de estar 6 años en ¡el Madrid! y haber marcado sólo 2 goles”. Advierto de que este último recurso es mejor no emplearlo si en la conversación participan seguidores del Madrid, la cosa se puede liar, por lo que, en este caso, se puede utilizar una frase con el mismo sentido pero sin mencionar al futbolista (Redondo) ni al equipo; en cambio la frase, como está, resultará muy eficaz si no hay madridistas. De cualquier modo, los interlocutores quedarán impresionados y, desde luego, convencidos de la sapiencia futbolística del actuante.

Si la cifra está entre 9 y 14, lo correcto es decir “Este es un figura ¡joder! tiene mucha clase, no sé cómo no te gusta”, dirigiéndose al que sostenga que el futbolista enjuiciado no es bueno o que muestre más dudas sobre su calidad; la intensidad de la interjección dependerá de la cifra: cuanto más se acerque al 14 mayor intensidad. El interpelado acusará el golpe y tratará de defenderse balbuceando sus sinrazones. Si se le quiere machacar se le interrumpe con un tajante “Creéis que sabéis y lo único que hacéis es repetir lo que dicen los ignorantes periodistas deportivos. Hay que tener criterio propio, tío” (la utilización del plural en la primera parte es conveniente, dispersa la agresividad). Si no se quiere hacer sangre se puede zanjar la discusión con un conciliante “Mira, Fulanito, esto es opinable, así que respeto tu opinión, pero, hazme caso, meter (aquí el número de goles) sólo está al alcance de las figuras”. El interlocutor se aferrará al salvavidas dialéctico y se dará por satisfecho; incluso es muy probable que pretenda hacer uso de la última palabra diciendo algo así como “No, si tienes razón, pero es que…”, completando con alguna tontería o dejando inconclusa la frase. Sea como sea, lo mejor es aprovechar para cambiar de conversación; el objetivo ya se habrá conseguido: dejar evidente constancia de que “se entiende” de fútbol.

Si la cifra está entre 5 y 8, lo mejor es decir en tono comedido, pero firme: “Pues a mí me gusta mucho, que queréis que os diga; no es un fenómeno, pero es imprescindible”. Esto no vale para delanteros centro; hay que tener cuidado. Por tanto, si hay duda conviene asegurarse de que el futbolista del que se habla no juegue en tal posición. Para ello, previamente, hay que hacer la siguiente indagación: ¿Últimamente está jugando algo retrasado, no? Inmediatamente, el interlocutor más enteradillo dará la oportuna explicación, que es muy posible que resulte incomprensible para el profano al que ahora me dirijo, por lo que hay que estar atento a si pronuncia las expresiones “en punta” o “delantero” refiriéndose al cuestionado. Si son dichas, lo mejor, por prudencia, es no intervenir. Si no se escuchan las citadas expresiones o si la respuesta contiene algo así como “retrasado” o ”por detrás”, entonces sí, se puede hacer uso de la regla mencionada.

Cuando la cifra está comprendida entre 1 y 4, la opinión hay que darla precedida de un chasquido de la lengua y acompañarla con un gesto de preocupación contenida (un rítmico balanceo vertical de la cabeza aporta credibilidad): “Yo esperaba mucho más de este chico. Tiene buenas cualidades pero podía aportar más. Me ha defraudado un poco”. Si alguno de los interlocutores hace alguna alusión a que juega de defensa hay que reaccionar con rapidez diciendo algo parecido a “No, si ya te digo que me gusta, pero es que es de los que hay que exigirle más”. Si, por el contrario, la alusión es a que juega de delantero también hay que replicar rápidamente “Que sí, que sí, ya te digo que me ha defraudado”. A partir de aquí conviene seguir la corriente al que lleve la voz cantante. Todos ya se habrán percatado del acertado criterio del opinante que siga estas recomendaciones.

Por último, si la cifra es cero (pueden responder también “ninguno”) hay que poner cara de asquito y espetar un “¡Bah, no tienes ni puta idea!” (dependiendo del ambiente en que se esté se puede sustituir el adjetivo por “zorra” o, incluso, suprimirlo). Eso sí, hay que decir la frase mirando fijamente al que sostenga que es bueno o que le gusta el futbolista sobre el que se discute. En este caso hay que tener cuidado con que no se esté hablando de un portero; esto se deduce fácilmente si la respuesta ha sido “Pues ninguno, ¡mira éste!” o similar, dicha con un tonillo de suficiencia o cachondeo. Si éste es el caso, significa que se ha metido la pata; pero no hay que amilanarse, nadie se dará cuenta si, en lugar de opinar sobre el futbolista en cuestión, se dice con aire distraído y con la mirada en la lejanía, “Para guardametas (no utilizar “porteros”), los de antes… Iribar, Arconada, Zubi, Buyo… ¡aquéllos cancerberos eran un lujo!” Los interlocutores quedarán algo sorprendidos y confusos, lo que hay que aprovechar para cambiar de conversación o, mejor, para largarse si la situación lo permite.

Siguiendo estas pautas, como decía al principio, cualquiera puede pasar por entendido de fútbol, y su criterio, así expresado, se ajustará muchísimo más a la realidad que el de los que digan lo contrario. De esto no hay que tener la más mínima duda. Obviamente, como cualquier otra, la regla que se desprende de cuanto antecede puede tener su excepción, pero eso no la invalida. Por tanto, espero que nadie se tome a broma todo lo que he dicho; de verdad, no lo es.

Porque estoy convencido de que para enjuiciar o valorar con acierto a un jugador de fútbol sólo hay un dato objetivo en que basarse: el número de goles que mete. Lo demás es cuestión de gustos y ganas de hablar. Algún día desarrollaré más en serio los fundamentos técnicos en que me baso para afirmar esto, aunque supongo que, a estas alturas del artículo, el lector no tendrá la más mínima duda de que quien lo ha escrito es “un entendido”.

Ahora, deformando un poco el viejo refrán, sólo añadiré “GOLES SON AMORES, Y NO BUENAS RAZONES”

1 comentario:

  1. Oiga, usted entiende menos de fútbol que la señorita Guasch...le dejo algo para que vaya aprendiendo.

    EL MADRÍ, UN EQUIPO SEÑOR
    El look es homogéneo, véase el estilismo de Floren, Valdano, Pellegrini y Buitre, cortado por el mismo patrón: impecable.
    En el tema jugadores el modelo a seguir es el de Raúl, es decir, impecable de traje con un toque "smart casual" para los actos benéficos y siempre sin nada de quincallería. Se está teniendo paciencia con los mas macarras (Sergio Ramos, Cristiano etc.) pero se les marca de muy cerca. Solo a Guti, por razones históricas, se le permite su atuendo grunge. Estas reglas aplican solo a los blancos, pues la gente de color no comprende lo que se pretende. Ya el año pasado se abortó el fichaje de Cazorla por no alcanzar la estatura mínima y por mas hortera que Georgi Dan.

    ResponderEliminar

Escribe tu comentario