30 mar. 2010

MAYOR OREJA Y ETA (éstos sí que coinciden).

No me gusta comentar aquí los temas de actualidad. Primero, porque de eso se ocupan los cientos de periodistas y comentaristas que cada día escriben en los periódicos, hablan por las radios y participan en las tertulias de la tele; hay a porrillo. En segundo lugar, porque el comentario sobre la actualidad pierde rápidamente vigencia en cuanto el asunto pierde eso, actualidad; y, claro, si esto lo leyeran muchas personas todos los días pues me podría animar, pero no es el caso, porque esto sólo lo leen algunos despistados que de Pascuas a Ramos entran en este blog, y no está bien que se encuentren con comentarios que han quedado trasnochados.

Pero a pesar de eso y de que en lo que estoy pensando es de rabiosa actualidad, me voy a animar, por una razón fundamental: porque creo que de este asunto se va a hablar durante muuuuuucho tiempo; así que, aunque es algo de la actualidad, me temo que «su actualidad» se va a prolongar de tal manera que los que lean esto dentro de varios años creerán que lo he escrito el día anterior. Por otra parte, esto va de la parte oscura de la actualidad vasca y a mí, como vasco, es un tema que, naturalmente, me interesa y preocupa muchísimo.

Voy a decir algo sobre las recientes manifestaciones de Jaime Mayor Oreja acusando al Gobierno poco menos que de connivencia con ETA. Muchos han reprochado y criticado al ex ministro por estas declaraciones, pero también ha habido voces y plumas que le han defendido o han considerado que tiene todo el derecho a decir lo que piensa. Pero nadie, que yo sepa, ha hecho un diagnóstico acertado sobre lo que le ha movido a decir lo que ha dicho.

Aparentemente, lo que ha hecho Mayor Oreja es «denunciar» contactos entre el gobierno y ETA, y alertar a la sociedad de algo que él considera intrínsecamente malo y repudiable: iniciar una negociación con ETA. Es decir, él se muestra totalmente contrario ante cualquier proceso de contactos con ETA —siempre lo ha estado, hasta cuando el gobierno al que pertenecía hizo un amago— argumentando que eso es un error y es contraproducente en sí mismo. A ETA ni agua; sólo combatirla y tratar de derrotarla con medidas policiales, legislativas y judiciales. Esa es su firme postura y así se manifiesta. Vale; para mí está en su derecho, aunque algunas cosas que ha dicho me parecen un evidente exceso. Pero él ve algo más. Al principio de este párrafo he empleado el adverbio «aparentemente» porque creo que en realidad lo que persigue Mayor Oreja no es lo que parece; no, creo que el verdadero móvil de Mayor Oreja ha sido otro de mayor alcance.

No tengo la menor duda de que Mayor Oreja es un hombre inteligente y con las ideas muy claras. Precisamente por ello, creo que sabe muy bien que el día que desaparezca ETA y, por tanto, la normalidad democrática se instale en Euskadi, ese día se habrá abierto la puerta para un irremediable proceso de secesión, por vías democráticas, que, tarde o temprano, culminará con la independencia del País Vasco (que podría arrastrar —si no se anticipa— a lo mismo a Cataluña). Del mismo modo, creo que sabe que, aunque suene a paradoja, mientras ETA esté activa tal proceso es imposible; la puerta está cerrada. Si el lector tiene curiosidad por ver los argumentos en que me baso para decir lo anterior le invito a que lea mi artículo de Agosto de 2009, en este mismo blog, que titulé «Una hipótesis y tres preguntas».

Por eso, creo que Mayor Oreja, al que sólo pensar en la posibilidad de la independencia de Euskadi le produce urticaria, sabe que tiene que impedir por todos los medios que se abra la puerta, por lo que, en cuanto intuye que alguien acerca su mano al picaporte, hace saltar las alarmas para que el osado reciba una descarga eléctrica que le deje fulminado y sin ganas de proseguir. Es decir, más que abortar cualquier tipo de contacto —de negociación, dice él y los que le secundan— con ETA o con los afines a la banda, la intención real del ex ministro es abortar «los preliminares» del proceso de secesión del País Vasco, que, reitero, se iniciaría el día que ETA desapareciera.

Por tanto, creo que las manifestaciones de Mayor Oreja no han tenido otra intención que la de contribuir a que se mantenga la «garantía» de la integridad territorial de España, que, como he dicho, no es otra que la permanencia de la actividad de ETA, por lo que, como en esta ocasión, siempre estará en contra de cualquier acercamiento, contacto y, sobre todo, negociación del Gobierno con la banda o con sus afines que permita abrigar esperanzas de que se pueda poner fin a la lacra del terrorismo. Naturalmente, esto no lo puede reconocer públicamente Mayor Oreja; tampoco los que, dándose cuenta también de cuál es el verdadero motivo del comportamiento de este político y de acuerdo con él, desde los medios de comunicación le jalean, disculpan, justifican y amplifican cuanto dice.

Razonando de forma parecida a como él lo ha hecho cuando ha acusado al Gobierno de coincidir en no sé qué planteamientos con ETA, yo opino que es él el que realmente coincide con ETA, pues ambos, Mayor Oreja y los que como él piensan y actúan, por un lado, y ETA y los que la jalean, por otro, son los principales obstáculos que impiden el inicio del proceso de independencia de Euskadi; lo del ex ministro es lógico y comprensible, la ceguera e irracionalidad de ETA y sus afines me parece sencillamente demencial. Y no es que a mí me preocupe que tal proceso no se inicie; la verdad, me la suda. Lo que sí me importa y preocupa es que en mi pueblo haya tantos salvajes y que, además, sean idiotas.
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COMENTARIO ULTERIOR (28-11-2019): ETA abandonó las armas en 2011; pero creo que mis vaticinios no se van a cumplir. En mi opinión, en esto tiene mucho que ver las iniciativas secesionistas en Catalunya a partir de 2012, que concluyeron con la efímera declaración de independencia del 27-10-2017, y la consiguiente contundente reacción del Gobierno de España, apoyado por todos los partidos políticos españoles de ámbito nacional, aplicando el artículo 155 de la Constitución, lo que permitió al gobierno central hacerse cargo del control y gestión de la Comunidad autónoma de Cataluña. Tras esto, vino el procesamiento y condena de varios políticos independentistas catalanes (una decena siguen aún en la cárcel y el expresidente de Cataluña se haya huido en el extranjero). Es obvio que los catalanes se excedieron al saltarse la ley, y eso provocó en la opinión pública española una generalizada reacción en contra del independentismo periférico. A la vista de lo sucedido en Catalunya, los independentistas/nacionalistas vascos habrán considerado, digo yo, que, aunque ETA haya desaparecido, «el horno no estaba para bollos».




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