22 ene. 2017

BÁRCENAS


Durante bastantes años estuvo muy cerca del poder, y en ese espacio vaya usted a saber las cosas que pasan, que se hacen y, sobre todo, que se saben. Por eso, es muy posible que Bárcenas tenga a buen recaudo, en su secreto portafolios o en su cabeza, mucha información de alto voltaje que, en caso de salir a la luz, pudiera perjudicar seriamente a muchos «importantes» del país. Por otro lado, él se está jugando mucho en las causas judiciales en las que se le acusa e investiga por graves delitos de naturaleza económica. 

 Luis Bárcenas

El hecho es que desde hace unos días le vemos a diario en los telenoticias declarando en uno de los juicios en que está encausado. Y le vemos tranquilo, mejor dicho, le vemos mentir con toda tranquilidad; contestando a la fiscal con serena seguridad, sin histrionismos ni aspavientos, y con cínica sonrisa si lo cree conveniente. O sea, le vemos comportándose como cabe esperar del «puto amo», apelativo que, con una importante carga de ironía, le adjudicó el Gran Wyoming. A mí, lo que estoy viendo me resulta sorprendente y, sobre todo, inquietante. 

Porque si Bárcenas demuestra tanta seguridad y tranquilidad será porque se siente protegido, digo yo. Me da la impresión de que, tras haberse comido el marrón del año y medio que estuvo en prisión preventiva, se las ha apañado para hacer llegar, a quienes pudieran temer por lo que pudiera decir y demostrar, que ya vale; o sea, que ya ha «pagado» bastante y que no está dispuesto a «pagar» más, así que —les habrá dicho a los «importantes»— o le dan garantías de que no sufrirá demasiado castigo en las causas judiciales que afronta o la mierda les salpicará y embadurnará. 

Ya veremos cómo evolucionan los juicios y qué sentencias hay. Aunque, a juzgar por el tiempo que han necesitado para la instrucción y por los tiempos a que nos tiene acostumbrados la justicia española, me temo que vamos a tener que esperar aún unos cuantos años para conocer los desenlaces. 

Lo que sí ya sabemos es algo más de la personalidad de Bárcenas. Sobre todo, cómo miente; cómo desafía a la fiscal y, en cierto modo, al tribunal. Con qué desparpajo se atribuye esa inconcreta capacidad para los negocios para justificar, sin poder demostrarlo, ingresos de decenas de millones de euros en sus cuentas bancarias en el extranjero, y una vida de superlujo pagada en cash... del negro. Y lo cuenta con pasmosa tranquilidad... ¡Hay que tener morro! 

No soy partidario de hacer juicios de valor por lo que se ve en la tele o por lo que cuentan los medios de comunicación, pero en este caso hago la excepción. Bárcenas me parece un tipo despreciable, de lo peor que se puede uno encontrar en la sociedad. Me parece, desde cualquier ángulo, un personaje infame y dañino para la convivencia y el bienestar social; el paradigma de lo que no hay que ser, o sea, un ejemplo de lo que sobra en la sociedad. Creo que, aparte de cómo se pronuncie la Justicia, merece un severísimo reproche social. Y que tal reproche sea permanente e inmisericorde.  

Por eso, si tuviera ocasión le recomendaría al Gran Wyoming que dejara de hacer chistes y parodias con él. Que cada vez que le nombrara (que lo debe seguir haciendo) lo hiciera con la máxima seriedad, con severidad no impostada y con gran dureza. Nada de bromas y nada de «puto amo»; eso valió, estuvo gracioso, pero en adelante, no. Ahora hay que darle, sin compasión, caña... mucha caña. Porque, si no, corremos el riesgo de que con tanta guasa acabemos tomando a broma sus fechorías. Y lo de Bárcenas nos puede parecer muchas cosas, pero ninguna es de broma.

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