1 nov 2014

PODEMOS


¿Qué se puede decir de Podemos que no se haya dicho ya? La verdad, poco. Por eso no voy a entrar en consideraciones sobre la razonabilidad, oportunidad, posibilidades, líos, etcétera, de este nuevo partido político; eso lo dejo para la pléyade de comentaristas, periodistas, politólogos, etcétera, que están continuamente hablando y escribiendo sobre el tema. Yo voy a hablar de lo que me parecen sus líderes más conocidos; o sea, de cómo veo a Iglesias, Errejón, Monedero y Bescansa, que, junto a Luis Alegre, parece que forman la cúpula del nuevo partido, si bien, del último citado no voy a decir nada porque es al que menos he visto, por lo que no he formado criterio sobre él.


Foto de CLAUDIO ÁLVAREZ en El País. Bescansa, Alegre, Monedero, Iglesias y Errejón

A los otros cuatro los he visto en la tele lo suficiente como para poder tener una opinión sobre cada uno de ellos. De los cuatro debo decir que me parecen muy inteligentes y listos y que pueden dar mucho juego en la escena política española. Individualizando la opinión y en orden inverso a como los he citado, sobre cada uno de ellos me atrevo a decir lo siguiente:

A Carolina Bescansa no la he visto demasiado, por lo que debo ser prudente a la hora de enjuiciarla. Sí debo decir que cuando la he visto y escuchado me ha parecido que se expresa muy bien y que es muy inteligente, por lo que creo que podría ser una competente gestora en caso de llegar a ocupar puestos de responsabilidad (por ejemplo, ministra) en la gestión política del Estado.

Juan Carlos Monedero es el que menos me gusta de los cuatro, si bien creo que podría ser aprovechable para la pelea dialéctico-política. Es el que, en mi opinión, ofrece menos garantías como gestor, por lo que, más que como hombre de estado dedicado a la gestión pública, lo veo como aguerrido combatiente al servicio del partido y en la primera línea de la confrontación política partidista.

Íñigo Errejón es mi preferido; reconozco que me ha conquistado. Le he visto en la tele en bastantes tertulias políticas o en programas de debate y me tiene impresionado. De poco más de 30 años, con aspecto aniñado y de «buen chico», creo que Errejón tienen una enorme capacidad intelectual y está dotado para ser un excelente líder político, y, si llega el caso, para ser un magnífico gestor en los más altos niveles de la función pública. Su discurso es correctísimo; sin aspavientos y sin necesidad de endurecer el gesto, se muestra claro y concreto en sus convicciones y proclamas, que, si es necesario, defiende con contundencia argumental. Muestra gran fluidez verbal y es rápido de reflejos, por lo que siempre le he visto salir airoso en las confrontaciones dialécticas en las que ha intervenido. Y lo que para mí es más importante: nunca le he escuchado una memez (¡que ya tiene mérito en un político!). Así que le auguro un exitoso futuro en el mundo de la política; también espero que algún día consiga la etiqueta de «referente social» en positivo.

Pablo Iglesias es el líder —parece que indiscutible— de Podemos. En la mitad de su treintena, ha sido el gran protagonista de la espectacular irrupción, despegue y aparente consolidación de esta nueva formación en la escena política española. Ha tenido enorme habilidad para darse a conocer al gran público a través de su participación en buena parte de las tertulias y espacios de debate que sobre la actualidad se emiten en las principales cadenas privadas de TV de España, en las que ha dejado constancia de su gran capacidad dialéctica y de su enorme talla intelectual. Curiosamente, las primeras veces que le vi en la tele fue en Intereconomía (en su tertulia política nocturna, habitual de personajes que apoyan a la derecha política), donde, obviamente, era la voz discrepante de la mayoría de sus contertulios. Supongo que al principio le veían como un jovencito que aportaba un toque exótico de pluralidad (por su aspecto y discurso) . Pero... ya, ya. El jovencito de la coleta era algo más..., bastante más..., ¡mucho, muchísimo más! Durante los dos últimos dos años ha sido la estrella en los programas en que ha participado, que han sido muchos; y siempre lo ha hecho con gran brillantez. Solamente debido a su valía, se ha hecho un sitio entre los principales líderes del espectro político español. Es verdad que la degradada situación actual (principalmente por la crisis económica y por la corrupción) le ha facilitado las cosas, pero no hay que quitarle méritos. El vio la oportunidad y la aprovechó, y buena parte de la ciudadanía (espero que sea la mayoría) se lo agradecemos; porque está claro que en la política española se necesita una regeneración. No sé si él la encarnará, pero seguro que, al menos, servirá como revulsivo.

En las últimas elecciones al Parlamento de la UE (su bautismo electoral) ya fue un bombazo que su formación consiguiera cinco eurodiputados. Y en la actualidad, según las últimas encuestas de intención de voto, Podemos sería la primera fuerza de la izquierda, y parece que en alguna, incluso, superaría al PP. Y todo en menos de un par de años... ¡asombroso!

Ahora la derecha mediática ya no le da cancha; al revés, lo atacan como pueden, sin reparar en gastos, con el único fin de parar la vertiginosa carrera ascendente del partido Podemos. Y para eso, sus detractores (de la derecha... y también del PSOE) hacen uso de lo que sea; todo vale para desprestigiar al equipo de Podemos y a su propuesta, y, sobre todo, para demonizar a su cúpula, tratando de hacer llegar al electorado el mensaje clave de esta campaña de desprestigio: Podemos representa un peligro para España y para su democracia, y, por tanto, para sus ciudadanos; así que no hay que votar a ese endiablado partido. Creen que los ciudadanos somos tontos.

Está claro que Pablo Iglesias es un fenómeno —personal, político y social— y que tiene sus objetivos muy claros; no los oculta. Quiere el poder, o sea, quiere gobernar para cambiar las cosas. ¿Lo conseguirá? Aunque no lo va a tener fácil, podría ser que que lo viéramos en la Moncloa dentro de poco más de un año. Sería muy interesante.

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COMENTARIO ULTERIOR (7-01-2020): Hoy Pedro Sánchez ha sido investido como presidente del gobierno que PSOE formará en coalición con Unidas Podemos, en el que el líder de esta última formación, Pablo Iglesias, será uno de sus vicepresidentes.

6 oct 2014

COSAS QUE JODEN (II)


Nueva entrega de cosas que, más que molestar, joden.

Los comentaristas de los partidos de fútbol que se ven por la tele. 

Me refiero a los futbolistas (generalmente, ya retirados) que colaboran en las retransmisiones por la tele de los partidos de fútbol. ¡Qué plastas son! Exceptuando a alguno, como es el caso de Kiko Narváez, la mayoría son insufribles Se extienden en complejas explicaciones como si lo que se estuviera retransmitiendo fuera una operación a corazón abierto o algo desconocido para la generalidad de los espectadores. ¡Pero si el fútbol es más que elemental...! Y, además, es algo de lo que cualquier aficionado (los que ven los partidos por la tele se supone que lo son) es capaz de entender, de sobra, lo que ve en el terreno de juego. Pero es que, además de perderse en explicaciones supérfluas, sin ningún interés, suelen ser bastante aburridos; que hayan sido buenos futbolistas no es garantía, ni mucho menos, de que sean buenos comunicadores. No salvo ni a mi admirado Sarabia (¡qué golazo le vi meter al Barça en San Mamés!), que, como comentarista, es más aburrido que Aznar hablando de sus ligues (¿habrá tenido?). 

¡Cómo echo de menos a José Ángel de la Casa! Se limitaba a nombrar el jugador que intervenía, a decir si le parecía que había sido o no penalty... y poco más (salvo cuando le salió el gallo al cantar el duodécimo gol de España a Malta). Pues eso, que los futbolistas comentaristas de TV sean más parcos y que se dejen de explicaciones inservibles... que joden bastante, porque, además de no interesar, impiden que te digan quién es el jugador que, mientras ellos hablan, lleva la pelota, que es lo que nos interesa a los televidentes, porque, como es natural, no conocemos o identificamos a todos los futbolistas que intervienen en el partido. 

Yo, a veces, he tenido que quitar el sonido de la tele porque no lo podía aguantar; como decía Sinhué, las palabras del comentarista casi siempre me suenan como el zumbido de las moscas.  

Que te sirvan el cubata «ya preparado». 

A veces, cuando estás en una mesa o terraza de cualquier bar o cafetería y solicitas al camarero un cubata o cualquier otro combinado o bebida, te sirven lo pedido “ya preparado”; es decir, preparan lejos del alcance de tu vista lo que has solicitado, por lo que no puedes saber qué te han servido realmente, ni en qué proporción, ni cómo lo han preparado. Si, además, esto ocurre en un establecimiento donde te van a cobrar unos 8 o 10 euros por lo que has pedido, lo que no es nada raro en estos tiempos, es para coger un rebote de mil demonios. 

Los cubatas, combinados y cualquier bebida, excepto el café por razones obvias, se deben “preparar” en la mesa del cliente; o sea, el camarero debe venir con el vaso vacío (como mucho, se puede tolerar que contenga el hielo, aunque ni eso debería), y servir a la vista del cliente el licor y refresco del combinado o lo que haya solicitado. Así el cliente podrá comprobar si lo que le sirven es lo que quiere y, si lo desea, podrá influir en que la proporción y cantidad sea de su gusto; es lo mínimo exigible. Si no se hace así, a mí me jode. 

No poder saber cuál es el recipiente del champú. 

Normalmente nos duchamos sin gafas, incluso los que las usamos habitualmente, como es mi caso. En las duchas suele haber varios recipientes: champú, gel, suavizante o acondicionador, etc. Cuando estás en tu casa, más o menos ya los distingues, bien por el color del contenido, por el tamaño del recipiente o por los colores predominantes en la etiqueta o en el envase, así que, aunque no puedas leer las etiquetas, no resulta difícil elegir el que se desea. Pero cuando uno, por las razones que sean, se ducha en baño ajeno, para saber el contenido de los recipientes que encontrará no le queda más remedio que leer la etiqueta. Y aquí viene el problema para los que, en ese momento, estamos sin las habituales gafas. Porque los fabricantes de los envases o, mejor dicho, de sus etiquetas, utilizan caracteres minúsculos para identificar el contenido, por lo que se corre el riesgo de utilizar el champú para frotar los pies o que se aplique al cabello después del suavizante. 

Y esto, aunque no es un problema grave, jode, porque, sobre todo, tiene solución fácil. El problema no existiría con el simple hecho de utilizar letras grandes para la palabra que identifica el contenido de estos envases. ¿Tanto costará?