14 nov. 2015

LAS ELECCIONES


Listo: A ver, Julio, tenemos las elecciones generales a la vuelta de la esquina y no te he leído nada sobre ellas. Según dicen, estos comicios van a dejar el Parlamento más fraccionado del actual periodo democrático al que van a llegar, por primera vez, los llamados partidos emergentes. ¿Qué opinas?
Julio: Pues lo que tú has dicho; que se presentan unas elecciones muy interesantes.
L: Vale, tío, pero mójate. ¿A quién crees que se debe votar? No es que te vaya a hacer caso, pero me gustaría saber tu opinión. Si te parece, te voy a preguntar por los candidatos.
J: Bueno, Listo, anda, pregunta.
L: Empecemos por Rajoy. ¿Qué te parece el actual presidente del gobierno?
J: Debo decir que no me cae mal; probablemente sea porque le veo como una persona nada fundamentalista, sin firmes convicciones, sin rigidez de criterio, con poca ideología… O sea, un poco amoral. Y eso, ya sabes, no le parece mal a uno como yo, que carece de principios, creencias y convicciones.
L: ¿Y eso te parece bien en un gobernante?
J: Pues sí y no. Sí, porque puede gobernar con mayor, digamos, elasticidad ideológica, y eso, no está mal. No, porque, al no estar condicionado por la rigidez de un corsé ideológico, le pone en riesgo de caer en improcedentes desviaciones interesadas. Por eso, a don Mariano lo critican desde todos los lados, incluso desde la derecha; pero, ya te digo, el gallego siempre me ha caído simpático, o, al menos, no me resulta antipático, como me pasa con su mentor Aznar, al que no soporto.
L: No sé si me ha quedado claro. De todos modos, ¿a Rajoy lo tienes entre los votables?
J: No, listillo, ni de coña. Nunca he votado al PP, ni nunca le votaré; ¡nunca! Totalmente descartado; pero eso no es incompatible con que Rajoy me caiga bien.
L: Bueno, bueno, tú sabrás. Vamos con otro, ¿votarás a Pedro Sánchez?
J: Tampoco me cae mal, pero no me convence.  El otro día lo vi en una entrevista en TVE que le hizo la bilbaína Ana Blanco y me pareció como muy melifluo… muy en su papel de chico bueno, guapo y simpático; pero poco consistente. Además, tuvo una metedura de pata imperdonable cuando atribuyó a su partido, el PSOE, la legalización del divorcio en los años ochenta.
L: Un error lo tiene cualquiera, Julio, tampoco es para tanto.
J: ¿Que no? Resulta que lo dijo adornándose y como ejemplo (el único que puso) de las realizaciones o aportaciones democráticas de su partido en el pasado. Para descojonarse; ya digo, fue imperdonable en un líder político. Y no digo que no le vaya a votar por ese fallo, no. No lo votaré porque soy de los que opina que el PSOE merece un castigo del electorado por haber sido, igual que el PP, también culpable de la vorágine de corrupción política que ha habido en España en  las últimas décadas; sobre todo por no haber introducido, mientras tuvo mayorías y gobernó, las necesarias medidas para conseguir transparencia, control y rigor en la actividad política, sobre todo en la acción de gobierno.
Así que el señor Sánchez, aunque él no se haya llevado ni un euro, tiene que apechugar con los pecados de su partido en el pasado. Que no cuente con mi voto.
L: Ya te veo venir; eres de los que votarás a los emergentes. ¿A Albert  Rivera, de Ciudadanos?
J: Este es el que, desde la distancia, mejor me cae. Me parece, además de inteligente y muy brillante, un político valiente y honesto. Lo tengo entre los votables; pero creo que no va a tener mi voto.
L: ¿Por qué?, Julio.
J: Pues, la verdad, no sabría decirte. Puede que su postura contraria al Concierto Económico Vasco haya influido en mí; pero no estoy seguro. Por otro lado, Albert Rivera se declara de ideología liberal; que no tengo muy claro qué es eso, pero me suena a eufemismo para no declararse de derechas. Tampoco me gusta su rígida posición contraria al referéndum en el asunto de Catalunya. En fin, que no me convence del todo. No obstante, te puedo decir que si gana las elecciones o si por mor de las alianzas postelectorales llega a ser presidente del gobierno me alegraré; creo que lo haría bien y que, por su valía y valentía, lo merecería.
L: Me parece que lo que te pasa es que lo consideras de derechas, y eso no sintoniza con tu vena izquierdista. ¿Eh?, Julio.
J: ¿Vena? En todo caso, mis tendencias y preferencias, Listo.
L: No sé, no sé… Nos queda Pablo Iglesias, de Podemos o de las candidaturas en las que se integre este partido. A este, que es de izquierdas, le votarás, ¿no?
J: Pues me temo que no. Me he enfriado con Podemos; y me jode, porque me ilusionó mucho cuando “se nos apareció”. Además soy fan de Errejón, al que me gustaría ver gobernando. También Iglesias me gustó el otro día en la tele, en “El hormiguero”, cuando cantó bastante bien una canción de Javier Krahe y me parece muy razonable su postura ante el lío catalán.
Pero el esquema operativo interno de su partido no me convence. Soy firme partidario de consultar o preguntar a los ciudadanos cuando se tienen que tomar decisiones controvertibles, lo dije con claridad en el primer post de este blog DEMOCRACIA DIRECTA-Referéndums por internet; pero lo de basar el funcionamiento interno del partido en un esquema multiasambleario en el que, teóricamente, todo el mundo opine constantemente, aunque queda muy bien de cara a la galería, me parece poco operativo y más propagandístico que real. Creo que es una fantasmada del señor Iglesias, de la que tendrá que desdecirse si quiere tener un partido ágil y funcional.
Así que no lo voy a votar. Ahora bien, si gana, también me alegraré. En realidad, lo que me gustaría es que, como parece que ningún partido va a alcanzar la mayoría absoluta, Pablo Iglesias y Albert Rivera consiguieran, entre ambos, mayoría para que se coaligaran y formaran gobierno. Así el PP y el PSOE, ¡a la oposición!, que es lo que se merecen.
L: Entonces, ¿no vas a votar?
J: Sí lo voy a hacer. He decidido votar a Alberto Garzón, de Izquierda Unida, o a la candidatura en que concurra a las elecciones, que creo que se denomina “Unidad popular” o algo así.
L: ¡Hostia!, Julio. No me esperaba esto… a ver, a ver, razones.
J: Garzón me parece un tipo limpio y, además, bastante espabilado y competente. No me gustó que Pablo Iglesias le diera, crudamente, calabazas cuando Garzón se ofreció para ir juntos a las elecciones. Por otro lado, me ha parecido muy razonable y coherente en su posición ante el problema catalán. Y, sobre todo, le voy a votar porque creo que se merece apoyo. Lo están ninguneando; todo el mundo baraja solo las otras cuatro candidaturas, menospreciando a un partido como Izquierda Unida que lleva muchos años aguantando en sus posiciones y sin haber conseguido, prácticamente, nada de poder. Ya digo, merecen más apoyo ciudadano. Así que mi voto para Alberto Garzón; espero que tenga muchos otros más.
L: Joder, Julio. A la vejez, viruela.


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