4 jul. 2016

APRENDER


Las preferencias tienen relación con las tendencias; a mí me parece obvio. No sé lo que dirán al respecto los «expertos» psicólogos. Aclaro el entrecomillado: soy bastante escéptico con esta etiqueta (que más que una condición real del que recibe tal adjetivo es eso, una simple etiqueta, que, por cierto, en la mayoría de los casos no se ajusta a la realidad), por eso, cuando oigo que tal o cual es un «experto», en lo que sea, no puedo evitar ponerme en alerta ante la posibilidad de que el calificado como «experto» sea, posiblemente, un jeta o un «morrudo».  

Pero, dejando al margen la digresión y volviendo a mi aseveración inicial, lo que quiero decir es que las preferencias de las personas, supongo que en todos los órdenes de la vida, activan sus tendencias. O al revés, no lo tengo claro; tampoco tiene mucha importancia porque lo sustancial es que las tendencias y las preferencias de cada persona son los activantes, en buena parte de las ocasiones, de nuestro comportamiento. Ambos conceptos, tendencias y preferencias, podrían considerarse como parte de las condiciones estructurales, psíquicas y somáticas, de cada individuo; pero en las personas intervienen otros muchos factores que también influyen en el comportamiento, como podrían ser la inteligencia, el sexo (género), los sentimientos, los vicios, las virtudes y otros más que ahora no me vienen a la cabeza (seguro que al lector, sí). Lo que estoy diciendo lo resumió muy bien Ortega y Gasset cuando sentenció aquello de «Yo soy yo y mi circunstancia...» (que a mí siempre me ha parecido que estaba muy bien dicho). 

Por eso insisto en que, sin entrar en exquisiteces intelectuales (eso lo dejo para los «expertos»), lo que todos entendemos como preferencias y tendencias son las claves que, en gran medida y dejando de lado las situaciones extremas, determinan nuestro comportamiento cotidiano.  Por ejemplo, en las elecciones políticas (en España ir a votar se está convirtiendo en un acto cotidiano), nuestro voto (o la abstención) estará condicionado por lo que digo: nuestras tendencias y preferencias. Porque las personas no somos socialistas, o populares, o podemitas, o ciudadanistas, o, incluso, nacionalistas. En todo caso, estaremos, según nuestras tendencias y preferencias, a favor de una u otra (o de ninguna) de las fuerzas políticas que compiten en las elecciones, y eso es lo que, en buena medida, determina nuestro posicionamiento a la hora de emitir el voto (o de no emitirlo). Sobre esto ya me extendí en «IZQUIERDAS Y DERECHAS» en este mismo blog. 

Y ya llegando a donde quería llegar, un caso en el que influyen nuestras tendencias y preferencias podría ser cómo estableceríamos cada uno nuestro ranking de palabras preferidas o que consideramos más importantes. Y, para reducir el catálogo, me centro en los verbos. Para mí, el verbo preferido es «aprender». Y así lo digo siempre que tengo ocasión, especialmente si mi interlocutor es un niño. Seguro que otras personas considerarán otros verbos como los más importantes, porque también tendrán tendencias y preferencias diferentes a las mías.  

Pero a mí, «aprender», que aparentemente es una palabra bastante vulgar y corriente, me parece un verbo, digamos, sublime; desde luego, conjugado en primera persona, el de mayor trascendencia y utilidad de nuestro idioma. Porque «aprender», en sentido amplio, me parece la acción más importante del ser humano, no solo en la edad temprana (en la que es fundamentalmente necesario), sino también a lo largo de toda la vida. Y especialmente en lo que se denomina la «tercera edad», que es la que me corresponde (que yo sepa, no hay cuarta), es importantísimo tener en alerta receptiva los mecanismos intelectuales y físicos para, así, poder asimilar nuevos conocimientos para lo que nunca es tarde.  

El aprendizaje es una actividad de lo más saludable para mantenerse o sentirse en forma; tanto como jugar al tenis, nadar o montar en bicicleta, y desde luego mucho más recomendable que ver el Sálvame, irse a Benidorm con el Imserso, recoger diariamente a los nietos a su salida del colegio... y cosas así (no incluyo «tomar potes», que es muy saludable).  

Por eso, recomiendo a los carrozas que activen sus dispositivos cognitivos y que se predispongan y que se pongan, más que nunca, a aprender... ¡lo que sea! Siempre según las tendencias y preferencias de cada cual.

(¡Joder! Al releer lo que he escrito me ha parecido que me he enrollado demasiado. En un tuit se podría resumir; no sé, no sé...)


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