18 may 2015

LOS SIMPSON


Aunque ya antes había visto algún capítulo de esta serie de animación, desde hace, más o menos, un año procuro no perderme ninguno de los que emite Antena3 sobre las 14:00 de cada día. Sencillamente, Los Simpson me parece lo mejor que se puede ver hoy en día en la tele.


los simpson aniversario 

Como es sabido, la serie se basa en la cotidianidad de los componentes de una familia corriente americana (viven en una ciudad ficticia denominada Springfield) compuesta por Homer (el padre), Marge (la madre), y los tres hijos, Bart (el chico, 10 años), Lisa (la chica, 8) y la aún bebé Maggie. Además, hay otros personajes que, aunque secundarios, intervienen bastante en las historietas de esta singular familia, como son el vecino, Flanders; el director del colegio de los hijos, el señor Skinner; los amigos de parranda de Homer y el dueño de la taberna, Moe, donde se reúnen para tomar sus cervezas; las hermanas solteronas de Marge; el abuelo (padre de Homer); los patrulleros de la policía local de Springfield; el potentado señor Burns, dueño de la planta de energía nuclear de Springfield (donde trabaja Homer); los amigos del colegio de Burt, especialmente  Milhouse,… y otros personajes más. Cada personaje tiene unos rasgos muy definidos de su personalidad y carácter, y en conjunto representan una amplia muestra de estereotipos humanos.

Esta serie estadounidense de dibujos, creada a finales de 1989 por Matt Groening, ha cumplido ya más de un cuarto de siglo, y, según he leído, lleva ya más de 570 capítulos. Ha ganado innumerables premios, ha tenido records de audiencia y sus personajes principales han trascendido de su espacio en la tele para ocupar, curiosamente, lugares destacados en las listas de personajes influyentes en USA. O sea, el que me guste a mí no es ninguna singularidad; simplemente, me pasa lo mismo que a millones de personas en todo el mundo. No obstante, ya que me he puesto, me voy a permitir comentar algo más para razonar el porqué de mi admiración por Los Simpson.

En primer lugar, debo destacar a los guionistas; me parecen extraordinariamente clarividentes. Aunque las historietas son caricaturescas, o sea, exageradamente reales, reflejan con mucha frescura y claridad comportamientos que pueden resultar familiares y que nos podemos encontrar en nuestra vida; pero, además, suelen incorporar un mensaje positivo y una moraleja ilustrativa. Es decir, se puede decir que cada capítulo es una lección de convivencia contada en clave divertida. Dicho de otro modo, los guionistas hacen una formidable exhibición de sentido común y sentido del humor. No me extraña que ganen una pasta gansa; se lo merecen.

También son de destacar los dibujantes o, mejor dicho, los creadores de los fundamentos expresivos de los personajes. Más simples y sencillos no pueden ser los dibujos; en cambio, resultan enormemente expresivos. A mí me parece que, por eso, tienen mucho mérito. Los cuatro pelos en lo alto de la cabeza de Homer y la M de su sien son el mejor ejemplo de sencillez; con los saltones ojos de los personajes y el puntito a modo de pupila que contienen el dibujante consigue la expresión deseada de cada personaje en las diversas situaciones.

Los traductores a nuestro idioma resultan igualmente extraordinarios. No sabemos cómo son los diálogos originales, pero los que oímos en castellano resultan precisos y muy divertidos. Además, creo que algunas de las expresiones que oímos son de su propia cosecha, como la recurrente de Bart «Multiplícate por cero», que este personaje dice cada vez que quiere deshacerse de alguien que le estorba.

Por último, hay que hacer un especial elogio de los dobladores, o sea, de los que ponen su voz a los diversos personajes. En mi opinión, buenísimos. Y, ojo, que algunos de los personajes tienen una voz muy singular que no debe de ser fácil de doblar, como es el caso de Marge, cuyo timbre bastante cascado creo que ya ha provocado alguna víctima entre los que la han doblado.

Resumiendo y como decía al principio, lo mejor de la tele. No te lo pierdas.


4 may 2015

EMOCIÓN


Creo que fue a mediados del pasado febrero cuando, estando en casa escuchando la radio, me pasó algo que no me había ocurrido nunca. Tomé unas notas para luego contarlo en el blog, pero, por pudor, supongo, no me pareció oportuno publicarlo. Hoy me he encontrado con aquellas notas y me he decidido a escribir lo siguiente.

Estaba en casa, a media mañana, escuchando en la radio el programa matinal de Carlos Herrera. Hablaban de la muerte del cantante bilbaíno Sergio Blanco, que formó parte de «Mocedades» y «Sergio y Estíbaliz». Tras algunos comentarios recordando la figura del fallecido y lamentando su muerte, dieron paso a las llamadas telefónicas de los oyentes; entre ellas, la de una mujer que, como los demás que llamaron, mostró su pesar por la muerte del cantante; pero, además, dijo otras cosas.

Comentó que a ella y a sus padres, también ya fallecidos, les gustaban mucho las canciones de Sergio. Contó que de pequeña tenía alguna patología que le producía mareos en el coche cuando, con su familia, salía de vacaciones. Cuando eso le ocurría, le ponían en el coche canciones de Mocedades, y su madre, que, según la oyente, cantaba muy bien (igual que su padre), acompañaba las canciones y le animaba a ella a que también lo hiciera. Parece que así, escuchando y cantando, se le pasaba el malestar y podía superar los mareos. A medida de que avanzaba en el relato de sus recuerdos su voz se iba quebrando y se le notaba con dificultades para decir lo que quería; era evidente que la emoción la estaba afectando.

Estaba claro, al menos para mí, que no estaba fingiendo ni nada perecido; la emoción de la interviniente era real. Supongo que ello era debido, más que al recuerdo del cantante, al de sus padres y sobre todo al de su madre cantando en los viajes. Y a medida que la mujer avanzaba en el relato de sus anecdóticos recuerdos relacionados con Sergio, nada trascendentales, y se iba percibiendo con más evidencia sus dificultades para contar lo que quería, yo me estaba contagiando de su emoción. Me conmovió. Me conmovió hasta tal punto que se me hizo un nudo en la garganta y tímidas lágrimas humedecieron mis ojos.

¡Cagüen la puta!, Julio, ¿estás tonto? me dije, entre sorprendido y molesto, con ánimo, supongo, de librarme de mi extraña reacción. —Debe de ser un síntoma de tu incipiente chochez—, me contesté tratando de quitarle importancia.

Pero me quedé pensando. No había motivos para mi conmoción; la mujer había hecho su relato sin pretender impresionar y en un clima amable y distendido, es decir, había contado una simple anécdota familiar relacionada con el cantante fallecido, mejor dicho, con sus canciones, pero sin dramatizar sobre el hecho luctuoso de la muerte de Sergio ni sobre sus recuerdos. ¿A santo de qué, mis lagrimillas?, me preguntaba intrigado, por lo que seguí pensando.

Creo que mi intriga se debía, principalmente, a que no me considero una persona, digamos, sensiblera. Desde luego, no soy de lágrima fácil. Echando la vista atrás, hasta donde alcanzan mis recuerdos, creo que, con alguna excepción, sólo he llorado en el cine (no en muchas ocasiones) y siempre conmovido al contemplar lo que podríamos llamar la exaltación/sublimación expresiva de lo mejor de la condición humana; es decir, cuando se nos muestra que las personas también somos capaces de movernos impulsados, exclusivamente, por valores positivos, como pueden ser la solidaridad, el cariño, la honestidad y la justicia. O, lo que es igual, cuando los comportamientos nada tienen que ver con el propio interés o con el egoísmo.  Pero, volviendo al relato de la mujer, tampoco se podía decir que había sido una demostración de esta exaltación/sublimación que acabo de mencionar. No, simplemente había contado una simple anécdota, por otro lado bastante intrascendente.

Pero la contó de verdad; lo que dijo le salió del alma, y con la única intención de, a través del recuerdo de las canciones de Sergio, hacer públicamente un cariñoso homenaje a su madre. Es posible que la mujer sintiera que se  lo debía. Fuera por lo que fuese, lo que percibí fue un sencillo y emotivo relato rebosante de sinceridad y honestidad. Supongo que por eso la mujer me contagió su emoción.

Le quedé muy agradecido por haberme conmovido; últimamente voy poco al cine.

15 abr 2015

MUCHOS PEQUEÑOS ROBOS, GRAN NEGOCIO

Voy a hablar de lo que a mí me parece una práctica cuasidelictiva  de las operadoras de telefonía en España. Digo que me parece porque, aunque para mí es evidente, no he leído ni escuchado crítica ni denuncia alguna en los medios de comunicación, lo que me parece extraño y, por tanto, me hace pensar que pueda no estar acertado. También digo que es cuasidelictiva porque, al tratarse, cada caso por separado, de importes de muy pequeña cuantía (aunque sumando todos podríamos hablar de, como se verá al final, centenares de millones de euros al año), legalmente no sé si, individualmente, podría tratarse de un delito, si bien, en conjunto a mí me parece que sí lo es.

Hablo de pequeños importes que aparecen en nuestras facturas (de telefonía móvil y fija) por servicios que nosotros no hemos solicitado ni contratado en modo alguno con la operadora que nos proporciona el servicio y, por tanto, nos factura los consumos. En concreto, me refiero a los importes que en las facturas figuran con la denominación “Llamadas perdidas (mensajes dictados)”. El caso que a mí directamente me afecta tiene que ver con Movistar (Telefónica) y con importes individuales de 0,15 euros.
Cuando he preguntado/reclamado a la operadora el porqué de tales cobros me vienen a decir que estos costes provienen de las llamadas que he hecho y que, al no ser atendidas, una locución automática ofrece la posibilidad de dejar un mensaje grabado para que el destinatario de la llamada lo pueda escuchar cuando le venga bien. Y esta posibilidad operativa, según me han explicado los de Movistar, no tiene nada que ver con Movistar (mi operadora), sino que es un mecanismo ofrecido por la operadora del destinatario de la llamada —que puede ser cualquiera de las que operan en el mercado— a su cliente. (Supongo que tendrá que ver con Movistar cuando el que recibe la llamada sea cliente de esta operadora, o sea, el caso inverso). Por eso, los de Movistar, ante mis reclamaciones, se hacen los longuis, diciéndome que el asunto no tiene que ver con ellos. La cosa tiene su gracia. El caso es que no he conseguido aún que me devuelvan estos cobros (aunque no pierdo la esperanza porque voy a seguir insistiendo).
O sea, el que llama paga por un servicio contratado entre una operadora, que puede no ser la suya, y su cliente (el destinatario de la llamada), o, lo que es igual, paga las consecuencias de un contrato entre dos partes que nada tienen que ver con él. Pero lo más chistoso es que el cobro de tal servicio, no demandado por el que paga, lo cobra la operadora de este, que, supongo, luego transferirá lo cobrado, digo yo, a la operadora del destinatario de la llamada.
Así las cosas, me pregunto ¿quién ha autorizado a mi operadora a que me cobre servicios relacionados con una contratación entre dos partes que nada tienen que ver conmigo ni con ella? ¿Cómo es posible tal aberración, atropello, barbaridad y, por qué no decirlo, ilegalidad? Porque me resisto a creer que tal forma de operar pueda tener soporte legal.
Se supone que cuando contratamos con una operadora de telefonía conocemos y aceptamos su tarifa; es decir, sabemos qué servicios nos ofrece y lo que nos va a costar, que, ulteriormente, es lo que debe aparecer, exclusivamente, en la factura mensual. Pero no creo que nadie autorice a su operadora a que en tal factura incorpore costes derivados de servicios ajenos contratados entre terceros. Porque asumir esto supondría admitir, por ejemplo, que Movistar nos cargue en la factura mensual el importe de la compra del súper que pudiera haber hecho el vecino del 3º y que lo hubiese así solicitado a la cajera aportando mi número de teléfono. O sea, supondría una barbaridad de total inconsistencia legal.
Porque, volviendo a mi caso, ya he dicho que me vienen cobrando 0,15 euros por cada “llamada perdida (mensaje dictado)”, pero ¿quién me asegura que el mes que vienen no me cobren el doble?, teniendo en cuenta que el cobro se basa en una tarifa de una operadora con la que yo no tengo relación; o que, me empiecen a cobrar por “llamadas contestadas”, porque pueda haber operadoras que incluyan en su tarifa tanto las llamadas efectuadas como las contestadas. Realmente, es una práctica aberrante.
Es obvio que todas estas cosas son debido a la impunidad con que funcionan las operadoras; a los acuerdos entre ellas; a que los ciudadanos pasamos por alto sus abusos; a que se aprovechan de que son pequeños importes; a nuestra resignación ante sus “pequeños robos”. En suma, a que hacen lo que les da la gana; saben que son inmensamente más fuertes que cada uno de sus clientes. Pero, sobre todo, a la colaboración de los medios de comunicación (la publicidad manda) y, también, de las organizaciones de consumidores, porque, que yo sepa, no han denunciado estos abusos, mejor dicho, estos “pequeños robos”.
Para concluir, un simple cálculo.

Estimaciones 

Líneas de móvil existentes en España

50.000.000

Llamadas/mes (por cada línea)

200

Porcentaje de no contestadas

25%

No contestadas/mes  (por cada línea)

50

Porcentaje de mensajes dictados

5%

Mensajes dictados/mes (por cada línea)

2,5

Mensajes dictados (por el conjunto de líneas)

125.000.000

Coste de cada mensaje dictado

0,15

Ingresos/mes para el conjunto de operadoras

18.750.000

Ingresos al año - euros

225.000.000


Como se puede ver, aunque la incidencia en el bolsillo de cada ciudadano no es de gran impacto, para las operadoras no es un asunto baladí. Es como si todos los ciudadanos contribuyéramos altruistamente al pago de los sueldos de sus presidentes. En concreto, supongo que lo que, de este asunto, obtenga Telefónica cubrirá ampliamente el pago de la nómina de su presidente, el "locuaz" César Alierta (según El País, 7,3 millones en 2013).  ¡La hostia! ¡Algunos qué listos son!

12 abr 2015

CRÍTICOS TOCAPELOTAS


Me voy a referir al verbo criticar en su acepción de «censurar o vituperar las acciones o conducta de alguien». Del mismo modo, al sustantivo crítica.
 
Hay que admitir que todos tenemos derecho a criticar lo que hacen los demás, sobre todo cuando estos son los que mandan y, más aún, si son los gobernantes políticos. Dándole la vuelta, también debemos asumir que nuestra conducta o nuestros actos están expuestos a la crítica de los demás, es decir, a que otros manifiesten su opinión desfavorable sobre cómo nos comportamos o sobre lo que hacemos. Esto es incontrovertible y además es saludable; aunque algunas veces, lógicamente, las críticas resulten incómodas y molestas para el criticado. Por otro lado, el derecho a la crítica hay que entenderlo como una consecuencia de la bendita libertad de expresión, a lo que debe subordinarse cualquier molestia o incomodidad causada por la crítica, siempre que esta se haya hecho con cierto respeto, educación y, por supuesto, sin sobrepasar los límites que marque la ley.
 
O sea, me parece bien ejercer la crítica. Pero también debo decir que no me gusta cómo critican algunas personas. Me explico.
 
Criticar por criticar

Partiendo de que, como decía antes, la crítica siempre viene bien, tendremos que convenir en que hay que apoyarla en argumentos. No vale criticar sin fundamento, o sea, criticar por criticar; que es lo que hacen algunas personas. En mi opinión, los que así actúan es porque creen que ser crítico —es decir, mostrarse habitualmente como emisor de opiniones desfavorables— es un atributo positivo que enriquece su personalidad. Creen que decir «esto no me gusta o esto no está bien» tiene, per se, más valor que decir lo contrario. Yo creo que los que así actúan no son críticos, son tocapelotas, y su crítica no vale para nada.

El derecho a criticar

En cuanto a la crítica sobre las conductas o actos cercanos (me olvido, ahora, de la que se hace a los gobernantes y poderosos), creo que el derecho a criticar hay que ganárselo; y para ganárselo hay que exponerse; es decir, hay que ser de «los que hacen cosas». Me revientan los indolentes inútiles que se muestran críticos con «lo que hacen» los demás; o sea, creo que, en el ámbito a que me refiero, los que no hacen nada no tienen derecho a criticar a los que hacen, incluso aunque hubiera argumentos objetivos. Porque es obvio que «los que no hacen nada» nunca o casi nunca se equivocan, y, además, los errores o fallos por omisión son menos evidentes y admiten mejor las disculpas evasivas. Así que el derecho a criticar hay que ganárselo, simplemente «haciendo»; porque, si no, hay que entender su crítica como ganas de tocar las pelotas, y eso no tiene ningún mérito.
 
- - - - - - - -
 
Resumiendo, la crítica constructiva y argumentada está bien y es deseable en todos los ámbitos, pero la que, en lo cercano, se hace sólo por joder, o sea, por el insano placer de molestar o zaherir a los que, bien o mal, se ocupan de «hacer», es indeseable y propia de seres mezquinos, a los que hay que recomendar que se repriman y, en todo caso, que se contenten con automasajearse la entrepierna, o sea, con que se las toquen ellos.

13 mar 2015

CARTA A PABLO IGLESIAS


Sr. Iglesias:

Soy de los que les gustaría ver a Podemos gobernando España, como dije aquí hace ya unos meses cuando opiné sobre el cuadro dirigente de Podemos y, en mi anterior entrada, sobre su propuesta política. Por eso, me voy a tomar la libertad de aconsejarle sobre cómo creo que deberían articular sus programas electorales para el conjunto de elecciones que deberán afrontar en el presente año.

Hablando, también aquí, del programa electoral  que confeccionan los partidos políticos, ya dije que me parecían infumables. Ojeé algunos que se escribieron para las elecciones autonómicas de Euskadi de 2012 y, como digo, me parecieron unos tochos aberrantes, por lo que, de entrada, le aconsejaría que no se adaptase al modelo tradicional, si es que quiere que los programas que presente Podemos, por un lado, resulten documentos que puedan ser leídos y digeridos con facilidad por los ciudadanos (lo que les será agradecido), y, por otro, no sirvan a sus rivales políticos en la confrontación electoral.

Yendo al grano, le aconsejo que, a la hora de confeccionar sus programas para las diferentes elecciones, tenga en cuenta lo siguiente:
  • La medida estrella de su programa de gobierno debería basarse en la promesa de tratar de hacer bien las cosas. Es decir, en prometer un gobierno decente y honrado y, sobre todo, en prometer que están empeñados en establecer en la Administración los mecanismos de transparencia y control necesarios para evitar la corrupción y para que el dinero público (o sea, el de los ciudadanos) sea administrado con eficacia y, sobre todo, con honestidad.  Porque creo que la generalidad de los votantes no queremos promesas milagrosas (no nos las tragamos), ni queremos que los políticos nos arreglen la vida, ni que nos solucionen los problemas que tenemos; no, fundamentalmente y teniendo en cuenta de dónde partimos, nos conformamos con tener la seguridad de que los gobernantes no nos roben. Y para decir esto sobra un folio, si se dice con claridad, contundencia y sin vacua retórica o florituras literarias. Y este mensaje debe ser el eje de la campaña electoral, y, si se sabe articular y difundir bien, puede ser un eficaz y atractivo gancho para los votantes.
  • Además, pueden escribir en su programa no más de media docena de promesas de medidas de gobierno; las que consideren más impactantes, populares y, obviamente, posibles de llevar a efecto de forma rápida en las primeras semanas de su eventual gobierno. Y estas medidas deberían tener relación con las cuestiones políticas de mayor impacto en la cotidianidad de los ciudadanos; es decir, los impuestos, la regulación laboral y la gestión de los servicios públicos (principalmente, educación y sanidad). Con mensajes claros y concretos, tampoco se necesita mucha literatura; cuatro o cinco folios podrían ser suficientes.
Como habrá visto, le aconsejo concreción, realismo y, sobre todo, una inequívoca intención —el mensaje estrella— de honradez y decencia. En suma, un documento de no más de media docena de folios. Que su programa no se parezca en nada a los de los demás partidos que, seguro, estarán rebosantes de ambigüedades, retórica barata, promesas incumplibles y, a la postre, mentiras. Si es así, los ciudadanos lo leeremos, lo entenderemos y lo agradeceremos; y, muy importante, a sus adversarios no les proporcionará armas con que combatirlo. Huyan de programas densos y farragosos, como me temo que pueda ser el que han presentado en Andalucía, porque, según he escuchado hoy a su cabeza de lista, Teresa Rodríguez, ha hablado de ¡400 medidas! en su programa; me parece una exageración. Sus adversarios las analizarán con lupa y seguro que encuentran motivo para utilizarlas en contra de Podemos.

Sr. Iglesias, no sé qué intenciones tendrá para el caso de que gobiernen; sean las que sean serían legítimas, pero creo que podría ser ilusorio pretender imponer, en una legislatura, cambios sustanciales en la sociedad española, tanto en lo que podríamos denominar usos sociales o en eso tan ambiguo y amplio que denominamos la economía, máxime teniendo en cuenta que parece muy difícil que obtengan mayoría absoluta, o sea, que puedan gobernar en solitario. Ya tendrán tiempo y oportunidad en las siguientes legislaturas para proponer y poner en práctica medidas de mayor alcance, si continúan en el gobierno,  acordes, entonces sí, con su ideología. No obstante, también a lo largo de esta primera legislatura, si gobiernan, podrán proponer, si lo consideran necesario, medidas de cambio no incluidas en su programa electoral (si lo plantean como he dicho), que, por esto, deberían someter a referéndum (incluyo lo relacionado con el controvertido asunto del pago/impago de la deuda externa), ya que es seguro que encontraran fuerte resistencia en determinados sectores sociales, políticos y mediáticos, que solo serían acallados si la ciudadanía los respalda; obviamente, si no es así, si no se respaldan en referéndum, no podrán ver la luz. Por cierto, no estaría mal que en su programa hubiera un apartado en el que Podemos se comprometiera a instaurar algo parecido a la democracia directa y, consecuentemente, someter a referéndum las medidas no programadas que sean objeto de gran debate o controversia social. 

Espero que estos consejos le resulten útiles y le deseo suerte en las confrontaciones electorales de 2015. Afectuosamente,

Julio Elejalde

- - - - - - - - -

COMENTARIO ULTERIOR (7-01-2020): Hoy Pedro Sánchez ha sido investido como presidente del gobierno que PSOE formará en coalición con Unidas Podemos, en el que el líder de esta última formación, Pablo Iglesias, será uno de sus vicepresidentes.

OTRO COMENTARIO ULTERIOR (5-05-2021): Ayer se celebraron elecciones autonómicas en Madrid. La candidata del PP, Isabel Díaz Ayuso, arrasó. Pablo Iglesias, que había dimitido de su cargo de vicepresidente en el Gobierno de España para presentarse como candidato liderando la candidatura de Unidas Podemos, obtuvo un pobre resultado, quedando como tercera fuerza de la izquierda, detrás de Más Madrid y PSOE. Tras conocerse los resultados, la misma noche electoral, Pablo Iglesias, apesadumbrado, comunicó que dejaba la política.