11 abr. 2017

LISA SIMPSON (4)


Esta es la cuarta entrega de la ficción sobre la vida de Lisa Simpson ya adulta. Contiene los capítulos IV y V. Si te interesa la historia, conviene que empieces a leerla por el principio, o sea, por aquí.
CAPÍTULO IV – Readaptación sexual

Retomamos el relato de la vida de Lisa, ya en la treintena, en la capital, trabajando en el humilde pero activo despacho de abogados defensores de causas de personas humildes, y compartiendo el apartamento con Laura y Estefany. Lo habíamos dejado tras el apasionado encuentro sexual con Laura.
Aquella primera experiencia lésbica, a la que siguieron no pocas más del mismo estilo con Laura, descolocaron a Lisa, o sea, la afectaron síquicamente. Ella no se consideraba lesbiana porque nunca había sentido atracción por las mujeres. Por eso, se preguntaba continuamente «¿Qué me pasa?». Y no sabía responderse. Pero se propuso aclararlo. Para ello, pensó en Grace, su excompañera de su primer trabajo en el otro despacho de abogados, con la que, de vez en cuando, continuaba viéndose para ir al cine o a tomar algo a los bares del centro. Sin entrar en detalles, le contó lo que le pasaba y le pidió consejo. «Tú, Lisa, lo que necesitas es que te metan una buena polla, y ya verás cómo se disipan tus dudas y te enteras de lo que de verdad te gusta», le dijo Grace sin muchas contemplaciones.
Lisa puso en práctica el consejo recibido. En su círculo de amigos había buenos mozos (incluido su compañero de despacho, Jimmy), a los que Lisa, aunque los miraba con buenos ojos, hasta entonces, no había hecho mucho caso. El recuerdo de Milhouse la había frenado en más de una ocasión. Pero, despojándose de aquel desagradable recuerdo y dotándose de anticonceptivos, Lisa inició un gradual proceso de afirmación de su heterosexualidad. Tuvo bastantes experiencias, unas buenas y otras no tanto, pero en todas llevó con mucho acierto y autoridad las riendas de aquellas relaciones en las que el sexo era el único móvil; en ninguna hubo amor y todas duraron poco. Curiosamente, en estas experiencias no participó Jimmy. Al principio de este proceso y simultáneamente, mantuvo también la relación con Laura, pero a medida que se incrementaba su disfrute con hombres, decayó su interés por ella. Al cabo de cinco o seis meses y tras una tormentosa discusión, Lisa cortó definitivamente su relación con Laura; esta lo asimiló muy mal, hasta tal punto que se mudó a otra vivienda. Lisa y Estefany, la gorda, se quedaron solas en el apartamento.
Hasta 2030 Lisa y Estefany convivieron. Estefany era muy buena persona, también muy prudente y discreta, por eso nunca se atrevió a criticar a Lisa por su agitada vida personal. Porque Lisa, una vez que empezó, no paró. «Qué razón tenías», le solía decir a Grace cuando se veían y, sin ningún recato, Lisa le ponía al corriente de sus aventuras con hombres. «Son unos capullos», le decía Lisa, «Solo piensan en meterla, y la mayoría lo hace de puta pena. Aunque reconozco que me gusta follar, a veces me dan ganas de hostiarlos». «¡Joder, tía!, cómo has cambiado», o algo parecido solía contestar Grace, que, realmente, estaba impresionada por el cambio que veía en Lisa.
Lisa había comenzado a fumar 2 o 3 años antes, por sus 28; también, al mismo tiempo, comenzó a sentir cierto gusto por las bebidas alcohólicas, aunque nunca bebió en exceso. Por otra parte, tras dejarlo con Laura, comenzó a escribir algo parecido a un diario, en el que, con bastante detalle, dejaba constancia de sus aventuras con hombres. Profesionalmente se sentía feliz. La convivencia con Jimmy era estupenda y Lisa gozaba ayudando en las causas de los humildes. Realmente, sentía gran placer al ganar los pleitos a las importantes compañías inmobiliarias en los casos de desahucios indebidos; también si conseguía buenas indemnizaciones por despidos improcedentes. Vencer a los poderosos la complacía extremadamente. Por eso, cada triunfo en los tribunales suponía una celebración, generalmente compartida con Jimmy; aunque los casos los gestionaban conjuntamente, ella solía ser la que protagonizaba los juicios frente al juez y al jurado. «Lisa, enterneces al juez y derrites al jurado; eres una campeona» o algo parecido solía decirle Jimmy en cada celebración. 

CAPÍTULO V – Jimmy

Lisa tomaba buena nota de los halagos de Jimmy en las celebraciones, hasta tal punto que todos quedaban luego reflejados en su diario. Una noche, en su habitación, tras escribir en el diario lo que le había dicho Jimmy en la celebración que, con otros amigos, habían tenido por la tarde, se quedó pensativa, preguntándose cómo no había tenido ninguna aventurilla con su compañero laboral. En su reflexión, cayó en la cuenta de que sabía muy poco sobre él aunque, por el trabajo, pasaban juntos buena parte del día y mantenían una excelente relación personal, ya convertida en verdadero aprecio mutuo. «Le tendré que tirar los tejos», se dijo una sonriente Lisa dispuesta a incorporar a Jimmy a su lista de amantes circunstanciales.
Así que, sin demora, al día siguiente Lisa inició el proceso de seducción o conquista a su compañero. «Sin necesidad de esforzarme, te aseguro que en un par de semanas me lo tiro», le dijo a Grace cuando le contó sus intenciones. Y comenzaron las insinuaciones, roces, miradas, sonrisas, conversaciones picantes, y hasta provocaciones, para conseguir que Jimmy respondiera como esperaba: con la respuesta viril que se supone cuando la propuesta es tan evidente y clara. Pero no. Jimmy, que obviamente recibía los mensajes seductores de Lisa, respondía con francas sonrisas y comentarios corteses pero esquivos, como si le divirtiera la novedosa actitud de Lisa hacia él. «Yo creo que se cachondea de mí», le decía a Grace cuando le ponía al corriente del proceso.
A los dos meses de haber iniciado el «asedio», ya casi convertido en «acoso», durante los cuales, en el contexto de su estrategia, Lisa había intensificado los momentos compartidos con Jimmy, sobre todo fuera del despacho, por lo que en sus conversaciones había profundizado en el conocimiento de la personalidad de su compañero, notó que empezó a verlo con otros ojos; mejor dicho, notó que empezó a sentir por él algo nuevo, desconocido hasta entonces para ella. «A ver si te estás enamorando, tía», le dijo Grace con tono preocupado. «Pues igual sí», contestó Lisa, con aire abstraído y con la mirada perdida en el paisaje urbano que había al otro lado del ventanal de la cafetería en que estaban tomando sendos daiquiris (esta bebida se había puesto de moda entre las mujeres de las zonas urbanas del Este de USA a raíz de que apareciera en una película como favorita de su popular y afamada protagonista).
Lisa, que ya tenía 31 años, empezó a considerar la posibilidad de que Jimmy, unos cinco años mayor que ella, pudiera ser su objetivo para algo más consistente que un esporádico escarceo sexual, o sea, pensó en la posibilidad de ser su novia «formal». «Por qué no; quién mejor? Además me gusta mogollón», se dijo resueltamente. Lo que no sabía es que estaba a punto de recibir el segundo gran golpe proveniente de un hombre. «Soy gay, Lisa querida», le confesó un sonriente Jimmy cuando ella, nerviosa y atropelladamente, le propuso relaciones.
Aquella confesión le produjo el efecto de un puñetazo en la boca del estómago. Fue un dolor irresistible que le hizo salir corriendo del bonito bar en que estaban. Corrió y lloró. Aunque impulsada por la frustración de un amor no correspondido, lo que más le afectó fue sentir la humillación de verse rechazada por ¡un hombre! «Otro hijoputa..., ¡como Milhouse!», se dijo en su desesperación. 

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