15 abr 2015

MUCHOS PEQUEÑOS ROBOS, GRAN NEGOCIO

Voy a hablar de lo que a mí me parece una práctica cuasidelictiva  de las operadoras de telefonía en España. Digo que me parece porque, aunque para mí es evidente, no he leído ni escuchado crítica ni denuncia alguna en los medios de comunicación, lo que me parece extraño y, por tanto, me hace pensar que pueda no estar acertado. También digo que es cuasidelictiva porque, al tratarse, cada caso por separado, de importes de muy pequeña cuantía (aunque sumando todos podríamos hablar de, como se verá al final, centenares de millones de euros al año), legalmente no sé si, individualmente, podría tratarse de un delito, si bien, en conjunto a mí me parece que sí lo es.

Hablo de pequeños importes que aparecen en nuestras facturas (de telefonía móvil y fija) por servicios que nosotros no hemos solicitado ni contratado en modo alguno con la operadora que nos proporciona el servicio y, por tanto, nos factura los consumos. En concreto, me refiero a los importes que en las facturas figuran con la denominación “Llamadas perdidas (mensajes dictados)”. El caso que a mí directamente me afecta tiene que ver con Movistar (Telefónica) y con importes individuales de 0,15 euros.
Cuando he preguntado/reclamado a la operadora el porqué de tales cobros me vienen a decir que estos costes provienen de las llamadas que he hecho y que, al no ser atendidas, una locución automática ofrece la posibilidad de dejar un mensaje grabado para que el destinatario de la llamada lo pueda escuchar cuando le venga bien. Y esta posibilidad operativa, según me han explicado los de Movistar, no tiene nada que ver con Movistar (mi operadora), sino que es un mecanismo ofrecido por la operadora del destinatario de la llamada —que puede ser cualquiera de las que operan en el mercado— a su cliente. (Supongo que tendrá que ver con Movistar cuando el que recibe la llamada sea cliente de esta operadora, o sea, el caso inverso). Por eso, los de Movistar, ante mis reclamaciones, se hacen los longuis, diciéndome que el asunto no tiene que ver con ellos. La cosa tiene su gracia. El caso es que no he conseguido aún que me devuelvan estos cobros (aunque no pierdo la esperanza porque voy a seguir insistiendo).
O sea, el que llama paga por un servicio contratado entre una operadora, que puede no ser la suya, y su cliente (el destinatario de la llamada), o, lo que es igual, paga las consecuencias de un contrato entre dos partes que nada tienen que ver con él. Pero lo más chistoso es que el cobro de tal servicio, no demandado por el que paga, lo cobra la operadora de este, que, supongo, luego transferirá lo cobrado, digo yo, a la operadora del destinatario de la llamada.
Así las cosas, me pregunto ¿quién ha autorizado a mi operadora a que me cobre servicios relacionados con una contratación entre dos partes que nada tienen que ver conmigo ni con ella? ¿Cómo es posible tal aberración, atropello, barbaridad y, por qué no decirlo, ilegalidad? Porque me resisto a creer que tal forma de operar pueda tener soporte legal.
Se supone que cuando contratamos con una operadora de telefonía conocemos y aceptamos su tarifa; es decir, sabemos qué servicios nos ofrece y lo que nos va a costar, que, ulteriormente, es lo que debe aparecer, exclusivamente, en la factura mensual. Pero no creo que nadie autorice a su operadora a que en tal factura incorpore costes derivados de servicios ajenos contratados entre terceros. Porque asumir esto supondría admitir, por ejemplo, que Movistar nos cargue en la factura mensual el importe de la compra del súper que pudiera haber hecho el vecino del 3º y que lo hubiese así solicitado a la cajera aportando mi número de teléfono. O sea, supondría una barbaridad de total inconsistencia legal.
Porque, volviendo a mi caso, ya he dicho que me vienen cobrando 0,15 euros por cada “llamada perdida (mensaje dictado)”, pero ¿quién me asegura que el mes que vienen no me cobren el doble?, teniendo en cuenta que el cobro se basa en una tarifa de una operadora con la que yo no tengo relación; o que, me empiecen a cobrar por “llamadas contestadas”, porque pueda haber operadoras que incluyan en su tarifa tanto las llamadas efectuadas como las contestadas. Realmente, es una práctica aberrante.
Es obvio que todas estas cosas son debido a la impunidad con que funcionan las operadoras; a los acuerdos entre ellas; a que los ciudadanos pasamos por alto sus abusos; a que se aprovechan de que son pequeños importes; a nuestra resignación ante sus “pequeños robos”. En suma, a que hacen lo que les da la gana; saben que son inmensamente más fuertes que cada uno de sus clientes. Pero, sobre todo, a la colaboración de los medios de comunicación (la publicidad manda) y, también, de las organizaciones de consumidores, porque, que yo sepa, no han denunciado estos abusos, mejor dicho, estos “pequeños robos”.
Para concluir, un simple cálculo.

Estimaciones 

Líneas de móvil existentes en España

50.000.000

Llamadas/mes (por cada línea)

200

Porcentaje de no contestadas

25%

No contestadas/mes  (por cada línea)

50

Porcentaje de mensajes dictados

5%

Mensajes dictados/mes (por cada línea)

2,5

Mensajes dictados (por el conjunto de líneas)

125.000.000

Coste de cada mensaje dictado

0,15

Ingresos/mes para el conjunto de operadoras

18.750.000

Ingresos al año - euros

225.000.000


Como se puede ver, aunque la incidencia en el bolsillo de cada ciudadano no es de gran impacto, para las operadoras no es un asunto baladí. Es como si todos los ciudadanos contribuyéramos altruistamente al pago de los sueldos de sus presidentes. En concreto, supongo que lo que, de este asunto, obtenga Telefónica cubrirá ampliamente el pago de la nómina de su presidente, el "locuaz" César Alierta (según El País, 7,3 millones en 2013).  ¡La hostia! ¡Algunos qué listos son!

12 abr 2015

CRÍTICOS TOCAPELOTAS


Me voy a referir al verbo criticar en su acepción de «censurar o vituperar las acciones o conducta de alguien». Del mismo modo, al sustantivo crítica.
 
Hay que admitir que todos tenemos derecho a criticar lo que hacen los demás, sobre todo cuando estos son los que mandan y, más aún, si son los gobernantes políticos. Dándole la vuelta, también debemos asumir que nuestra conducta o nuestros actos están expuestos a la crítica de los demás, es decir, a que otros manifiesten su opinión desfavorable sobre cómo nos comportamos o sobre lo que hacemos. Esto es incontrovertible y además es saludable; aunque algunas veces, lógicamente, las críticas resulten incómodas y molestas para el criticado. Por otro lado, el derecho a la crítica hay que entenderlo como una consecuencia de la bendita libertad de expresión, a lo que debe subordinarse cualquier molestia o incomodidad causada por la crítica, siempre que esta se haya hecho con cierto respeto, educación y, por supuesto, sin sobrepasar los límites que marque la ley.
 
O sea, me parece bien ejercer la crítica. Pero también debo decir que no me gusta cómo critican algunas personas. Me explico.
 
Criticar por criticar

Partiendo de que, como decía antes, la crítica siempre viene bien, tendremos que convenir en que hay que apoyarla en argumentos. No vale criticar sin fundamento, o sea, criticar por criticar; que es lo que hacen algunas personas. En mi opinión, los que así actúan es porque creen que ser crítico —es decir, mostrarse habitualmente como emisor de opiniones desfavorables— es un atributo positivo que enriquece su personalidad. Creen que decir «esto no me gusta o esto no está bien» tiene, per se, más valor que decir lo contrario. Yo creo que los que así actúan no son críticos, son tocapelotas, y su crítica no vale para nada.

El derecho a criticar

En cuanto a la crítica sobre las conductas o actos cercanos (me olvido, ahora, de la que se hace a los gobernantes y poderosos), creo que el derecho a criticar hay que ganárselo; y para ganárselo hay que exponerse; es decir, hay que ser de «los que hacen cosas». Me revientan los indolentes inútiles que se muestran críticos con «lo que hacen» los demás; o sea, creo que, en el ámbito a que me refiero, los que no hacen nada no tienen derecho a criticar a los que hacen, incluso aunque hubiera argumentos objetivos. Porque es obvio que «los que no hacen nada» nunca o casi nunca se equivocan, y, además, los errores o fallos por omisión son menos evidentes y admiten mejor las disculpas evasivas. Así que el derecho a criticar hay que ganárselo, simplemente «haciendo»; porque, si no, hay que entender su crítica como ganas de tocar las pelotas, y eso no tiene ningún mérito.
 
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Resumiendo, la crítica constructiva y argumentada está bien y es deseable en todos los ámbitos, pero la que, en lo cercano, se hace sólo por joder, o sea, por el insano placer de molestar o zaherir a los que, bien o mal, se ocupan de «hacer», es indeseable y propia de seres mezquinos, a los que hay que recomendar que se repriman y, en todo caso, que se contenten con automasajearse la entrepierna, o sea, con que se las toquen ellos.

13 mar 2015

CARTA A PABLO IGLESIAS


Sr. Iglesias:

Soy de los que les gustaría ver a Podemos gobernando España, como dije aquí hace ya unos meses cuando opiné sobre el cuadro dirigente de Podemos y, en mi anterior entrada, sobre su propuesta política. Por eso, me voy a tomar la libertad de aconsejarle sobre cómo creo que deberían articular sus programas electorales para el conjunto de elecciones que deberán afrontar en el presente año.

Hablando, también aquí, del programa electoral  que confeccionan los partidos políticos, ya dije que me parecían infumables. Ojeé algunos que se escribieron para las elecciones autonómicas de Euskadi de 2012 y, como digo, me parecieron unos tochos aberrantes, por lo que, de entrada, le aconsejaría que no se adaptase al modelo tradicional, si es que quiere que los programas que presente Podemos, por un lado, resulten documentos que puedan ser leídos y digeridos con facilidad por los ciudadanos (lo que les será agradecido), y, por otro, no sirvan a sus rivales políticos en la confrontación electoral.

Yendo al grano, le aconsejo que, a la hora de confeccionar sus programas para las diferentes elecciones, tenga en cuenta lo siguiente:
  • La medida estrella de su programa de gobierno debería basarse en la promesa de tratar de hacer bien las cosas. Es decir, en prometer un gobierno decente y honrado y, sobre todo, en prometer que están empeñados en establecer en la Administración los mecanismos de transparencia y control necesarios para evitar la corrupción y para que el dinero público (o sea, el de los ciudadanos) sea administrado con eficacia y, sobre todo, con honestidad.  Porque creo que la generalidad de los votantes no queremos promesas milagrosas (no nos las tragamos), ni queremos que los políticos nos arreglen la vida, ni que nos solucionen los problemas que tenemos; no, fundamentalmente y teniendo en cuenta de dónde partimos, nos conformamos con tener la seguridad de que los gobernantes no nos roben. Y para decir esto sobra un folio, si se dice con claridad, contundencia y sin vacua retórica o florituras literarias. Y este mensaje debe ser el eje de la campaña electoral, y, si se sabe articular y difundir bien, puede ser un eficaz y atractivo gancho para los votantes.
  • Además, pueden escribir en su programa no más de media docena de promesas de medidas de gobierno; las que consideren más impactantes, populares y, obviamente, posibles de llevar a efecto de forma rápida en las primeras semanas de su eventual gobierno. Y estas medidas deberían tener relación con las cuestiones políticas de mayor impacto en la cotidianidad de los ciudadanos; es decir, los impuestos, la regulación laboral y la gestión de los servicios públicos (principalmente, educación y sanidad). Con mensajes claros y concretos, tampoco se necesita mucha literatura; cuatro o cinco folios podrían ser suficientes.
Como habrá visto, le aconsejo concreción, realismo y, sobre todo, una inequívoca intención —el mensaje estrella— de honradez y decencia. En suma, un documento de no más de media docena de folios. Que su programa no se parezca en nada a los de los demás partidos que, seguro, estarán rebosantes de ambigüedades, retórica barata, promesas incumplibles y, a la postre, mentiras. Si es así, los ciudadanos lo leeremos, lo entenderemos y lo agradeceremos; y, muy importante, a sus adversarios no les proporcionará armas con que combatirlo. Huyan de programas densos y farragosos, como me temo que pueda ser el que han presentado en Andalucía, porque, según he escuchado hoy a su cabeza de lista, Teresa Rodríguez, ha hablado de ¡400 medidas! en su programa; me parece una exageración. Sus adversarios las analizarán con lupa y seguro que encuentran motivo para utilizarlas en contra de Podemos.

Sr. Iglesias, no sé qué intenciones tendrá para el caso de que gobiernen; sean las que sean serían legítimas, pero creo que podría ser ilusorio pretender imponer, en una legislatura, cambios sustanciales en la sociedad española, tanto en lo que podríamos denominar usos sociales o en eso tan ambiguo y amplio que denominamos la economía, máxime teniendo en cuenta que parece muy difícil que obtengan mayoría absoluta, o sea, que puedan gobernar en solitario. Ya tendrán tiempo y oportunidad en las siguientes legislaturas para proponer y poner en práctica medidas de mayor alcance, si continúan en el gobierno,  acordes, entonces sí, con su ideología. No obstante, también a lo largo de esta primera legislatura, si gobiernan, podrán proponer, si lo consideran necesario, medidas de cambio no incluidas en su programa electoral (si lo plantean como he dicho), que, por esto, deberían someter a referéndum (incluyo lo relacionado con el controvertido asunto del pago/impago de la deuda externa), ya que es seguro que encontraran fuerte resistencia en determinados sectores sociales, políticos y mediáticos, que solo serían acallados si la ciudadanía los respalda; obviamente, si no es así, si no se respaldan en referéndum, no podrán ver la luz. Por cierto, no estaría mal que en su programa hubiera un apartado en el que Podemos se comprometiera a instaurar algo parecido a la democracia directa y, consecuentemente, someter a referéndum las medidas no programadas que sean objeto de gran debate o controversia social. 

Espero que estos consejos le resulten útiles y le deseo suerte en las confrontaciones electorales de 2015. Afectuosamente,

Julio Elejalde

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COMENTARIO ULTERIOR (7-01-2020): Hoy Pedro Sánchez ha sido investido como presidente del gobierno que PSOE formará en coalición con Unidas Podemos, en el que el líder de esta última formación, Pablo Iglesias, será uno de sus vicepresidentes.

OTRO COMENTARIO ULTERIOR (5-05-2021): Ayer se celebraron elecciones autonómicas en Madrid. La candidata del PP, Isabel Díaz Ayuso, arrasó. Pablo Iglesias, que había dimitido de su cargo de vicepresidente en el Gobierno de España para presentarse como candidato liderando la candidatura de Unidas Podemos, obtuvo un pobre resultado, quedando como tercera fuerza de la izquierda, detrás de Más Madrid y PSOE. Tras conocerse los resultados, la misma noche electoral, Pablo Iglesias, apesadumbrado, comunicó que dejaba la política.

14 feb 2015

LO DE GRECIA Y PODEMOS


A raíz de lo que le comenté a mi amigo Carlos Marenco, argentino que vive en Argentina, por lo que había escrito en su blog sobre el asunto de Grecia, nos intercambiamos algunos mensajes. Uno de ellos, de fecha 10 de febrero, es el que transcribo a continuación, en el que me refiero a un reciente artículo de Vargas Llosa sobre Grecia (cuya lectura me había sido recomendada por mi interlocutor), que yo relaciono con la actualidad de Podemos en España y en el que se refleja lo que opino sobre este nuevo partido y sobre lo de Grecia; este es el motivo de incluir el mensaje (con el permiso del destinatario) en este blog. Aclaro que si soy algo exhaustivo en mis explicaciones sobre lo que pasa por aquí es porque mi interlocutor podría no estar muy al tanto de nuestra actualidad.

Amigo Carlos:

He leído con atención el artículo de Vargas Llosa que me recomendaste. Lo primero, debo decir que respeto y admiro mucho la capacidad literaria del citado, sobre todo, desde que le vi y escuché leer su emocionante y vibrante discurso en la ceremonia en la que, hace unos años, le entregaron el Nobel; me entusiasmó. Sobre sus tendencias y preferencias ideológicas o políticas, aunque no las conozco a fondo (sólo le he escuchado, esporádicamente, algunas declaraciones), me temo que mi admiración no es tan firme. Pero esto es lo de menos, lo importante es que no hay duda de que don Mario es un personaje de gran talla intelectual, por lo que siempre hay que poner atención a lo que dice o escribe.

Yendo al artículo, su contenido no me ha resultado nada novedoso; es más, a medida de que avanzaba en su lectura, los argumentos me parecían cada vez más familiares; es decir, me sonaban más, porque coincidían, más o menos, con los que por aquí manejan los afines a los sectores políticos de la derecha, que, a su vez, son los más beligerantes con el nuevo partido Podemos y con su, aparentemente, afín Syriza, al que Vargas Llosa dedica su crónica y responsabiliza del, según él, previsto harakiri de Grecia si Alexis Tsipras no se desdice de sus promesas electorales y no pasa por el aro que imponen los que mandan en la UE. Al acabar de leer el artículo he encontrado la explicación a que me sonasen los argumentos: el artículo estaba escrito en Madrid (aunque así aparece en la primera línea, no me había percatado al iniciar la lectura).

No me cabe la menor duda de que don Mario es un espíritu libre, por lo que su pensamiento y acción política, supongo, se ajustará, simplemente, a lo que le diga su conciencia o a su modo de ver las cosas; estoy seguro. Pero es posible que también sea agradecido y leal con los que considere sus amigos o más afines; y es obvio que estos y aquellos (de los de España) defienden las tesis expuestas en el artículo que nos ocupa, especialmente desde que Syriza ganó en Grecia. O sea, Carlos, lo que quiero decir, desde el respeto que me merece el personaje, que don Mario no ha hecho otra cosa que alinearse con las tesis del PP, con cuyo presidente de honor, el inefable José María Aznar, parece que le une una muy buena relación. Obviamente, todo lo anterior no es más que una atrevida presunción, porque, como es natural, no puedo saber lo que le pasa por la cabeza al insigne escritor. Pero así me lo ha parecido, y, como estamos en confianza, así te lo digo.

Y ya que me he puesto, permíteme algunas consideraciones sobre la tesis que Vargas llosa expone en su artículo: la frivolidad de los nuevos dirigentes griegos que, con su política anunciada, van a ser responsables del harakiri griego; todo ello, según el autor. Y para eso, me voy a basar en lo que está pasando en España tras la irrupción de Podemos, que, como ya te he dicho en contactos anteriores, es un nuevo partido con aparentes similitudes con el griego Syriza: ambos son partidos de corta vida y experiencia (sobre todo, el español Podemos); ambos son beligerantes con los que, desde hace años, han ocupado la derecha e izquierda y se han alternado en el poder; ambos cuestionan la obligación de pagar las deudas contraídas con sus socios de la UE; ambos propugnan políticas poco ortodoxas para favorecer a los más desprotegidos; ambos están formados por cuadros de dirigentes jóvenes que rehúyen los convencionalismos (lo de no usar corbata es significativo),… en fin, creo que se parecen mucho, por lo que podrían ser intercambiables. También en lo socioeconómico hay similitudes entre los dos países, porque en ambos la crisis se ha cebado con dureza, por lo que el deterioro en los últimos años ha sido muy evidente y doloroso. Por último, el capítulo de corrupciones, que en España lleva unos años de permanente y escandalosa actualidad, parece que también ha tenido protagonismo en Grecia. Así las cosas, trataré de exponer lo qué está pasando en España para que, por analogía, se pueda entender lo de Grecia.

En España, dos han sido los factores que han provocado una situación de descontento generalizado:
  • Uno, la crisis económica que ha dejado a más de la cuarta parte de los ciudadanos en desempleo (más del 50% de los jóvenes), a la vez que se han recortado las prestaciones sociales (en sanidad, educación y dependencia, por citar las más criticadas).
  • Dos, la tremenda ola de corrupción política destapada en los últimos seis u ocho años; aunque en tiempos pasados también la hubo, la de los últimos años ha sido escandalosa.
Nos encontramos, por tanto, en que, por una parte, las clases más desfavorecidas han sido golpeadas económicamente y se ha acentuado dramáticamente la «desigualdad» (término muy manido por aquí en los últimos años); por otra, los ciudadanos contemplan atónitos e impotentes cómo los privilegiados y la clase política se lo han estado llevando a manos llenas. Resultado: más que descontento, indignación generalizada de la mayor parte de la ciudadanía. Y esta indignación se ha focalizado sobre los dos grandes partidos, PP (derecha) y PSOE (izquierda), a los que se culpa de lo ocurrido. Porque aquí, Carlos, nos hemos enterado de que muchos de los que dictan las leyes y dicen a los ciudadanos cómo deben comportarse son los que más flagrantemente las incumplen y peor se comportan. Nos hemos enterado de que hay indicios más que racionales de que los dirigentes del partido del gobierno (incluido el presidente) cobraban parte de su retribución en el partido en dinero negro (sin control del fisco); que había una ministra cuyo esposo recibió de una organización corruptora, entre otras prebendas, un flamante Jaguar y ella «no se enteró» (aunque lo tenía en el garaje de su casa); que al tesorero del PP se le descubrieron 48 millones de euros en Suiza que parece que le llovieron del cielo; que a algún dirigente político le «tocaba» con sospechosa frecuencia la lotería; que el yerno del rey se estaba forrando con cargo a las arcas públicas realizando contrataciones, más que sospechosas, con la Administración; que las grandes sumas del dinero que el Estado destinaba a combatir el desempleo (con acciones formativas y de otro tipo) se lo quedaban los sindicalistas y empresarios, y los cercanos gestores políticos (de la izquierda) «no se enteraban»; que políticos de varios partidos y sindicalistas (puestos a dedo en consejos de administración de entidades financieras «rescatadas» con dinero público tras una nefasta gestión) «gozaban» de tarjetas «opacas» con las que se pagaban, sin ningún pudor, suntuosos y variados caprichos personales; que buen número de entidades financieras semipúblicas (Cajas de Ahorro) tuvieron que ser intervenidas e inyectadas con dinero público mientras sus dirigentes (provenientes de la clase política) percibían retribuciones supermilllonarias; que en los juzgados se están instruyendo un buen número de causas por tramas de corrupción política, … y, con todo esto y mucho más, resulta que se pueden contar con los dedos de una mano los que han entrado en la cárcel (y todos sabemos que no estarán mucho tiempo), y, lo peor, no se ha recuperado lo robado. Así que, con este panorama, no es de extrañar que una buena parte de la ciudadanía, en especial los que lo están pasado peor, estén hasta los güevos (con perdón) y hartos de los partidos políticos que han gobernado en los últimos treinta años. Por terminar con el cuadro, una noticia de hoy: hay 13.000.000 de españoles que están en riesgo de exclusión social debido a su pobreza. No sé si será exagerada la cifra, pero ya es significativo que se maneje.

Y así las cosas, sale a la palestra política el nuevo partido Podemos, cuyos dirigentes son un grupo de jóvenes treintañeros, profesores de universidad, que, con atrevimiento, descaro y gran desparpajo, lanzan un mensaje de ilusión y esperanza: quieren hacer «otra» política, romper con la inercia y la alternancia (bipartidismo), rechazan la división izquierdas y derechas y hablan de «los de arriba y los de abajo»; no reconocen o ponen en cuestión los compromisos asumidos por los que se lo han llevado (a los que denominan como «la casta»), y no se reprimen a la hora de utilizar la demagogia y prometen, con cierta frivolidad, el oro y el moro (renta social, energía gratis, y cosas así) para los más desfavorecidos. Y aun a sabiendas de que mucho de lo que dicen no va ser posible, nos gusta, gusta a mucha gente; porque, como te decía, hay una gran parte de la ciudadanía que está muy harta de «la casta», o sea, de los que hasta ahora han mandado. Y como estos nuevos parecen inteligentes, serios y honrados (aunque ya se les ha descubierto algún pecadillo), muchos están, estamos, con ellos y nos gustaría verlos gobernando. No nos vale aquello de «Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer»; queremos correr el riesgo.

Supongo que algo parecido habrá pasado en Grecia. Por eso, volviendo al artículo de Vargas Llosa, creo que, admitiendo que puede tener cierta razonabilidad su dictamen (en línea con la ortodoxia dominante) y asumiendo que todo el mundo tiene derecho a criticar, a mí me gustaría que los personajes de la talla intelectual de don Mario se reprimieran a la hora de sumarse a la ola de enjuiciar severamente a Syriza (tampoco cuesta mucho) y, por el contrario, se posicionaran, ante el mundo mundial, claramente a favor del nuevo gobierno griego, aunque sólo fuera por una cuestión de estética romántica. Al fin y al cabo, Syriza está, mientras no se demuestre lo contrario, a favor de los más desfavorecidos y eso siempre es loable. Se pueden equivocar y provocar que las cosas vayan a peor (como pronostica Vargas Llosa), pero siempre tendrán tiempo de reaccionar si fuera necesario; tontos, seguro que no son. Merecen un margen de confianza. Por último, un reproche para don Mario: comparar las iniciativas del nuevo gobierno griego con los experimentos fallidos que cita en su artículo no me parece nada elegante, más bien pueril y propio de un vulgar contertulio (de los flojos) de los que pululan por las numerosas tertulias radiofónicas y televisivas de España; a don Mario hay que exigirle más nivel.

Carlos, si has llegado hasta aquí, tienes mucho mérito; perdona la extensión.

Un fuerte abrazo. Julio


8 feb 2015

GABILONDO vs MARHUENDA


De lunes a jueves, a las 9:05, en la SER, Iñaki Gabilondo, en poco más de un minuto, nos da su opinión sobre alguno de los temas de mayor actualidad. Para mí, es, sin duda, la opinión más clarividente e ilustrativa de las que se vierten en las numerosas intervenciones periodísticas que hay en los medios audiovisuales españoles. Creo que es, verdaderamente, una opinión de peso, propia de un intelectual de gran talla.

Es obvio que Gabilondo, como todo el mundo, tiene su propia ideología o sus particulares tendencias y preferencias; eso es inevitable, por lo que no cabe hablar de plena objetividad en sus intervenciones. Pero sí de que rezuman grandes dosis de sentido común y razonabilidad, y esto es lo importante. También es importante su capacidad de síntesis y su habilidad para transmitir y comunicar; no en vano tiene en su zurrón profesional una larga, intensa, variada y densa carrera profesional en los principales medios audiovisuales de nuestro país, lo que, en mi opinión, le hace acreedor, con seguridad, al reconocimiento honorífico como, si no el mejor, uno de los mejores profesionales españoles en ese campo en los últimos cuarenta años.

Por todo esto, en poco más de un minuto, Gabilondo dice más y mejor que el conjunto de la mayoría de «opinólogos» y contertulios que nutren diariamente los numerosos programas de opinión o debate que hay en los medios audiovisuales en España, en los que, en la mayoría de los casos, lo que más se dicen son obviedades y, sobre todo, se lanzan mensajes teñidos de los colores políticos de los que en ellos participan.

Por poner un ejemplo de estos últimos, no hay más remedio que hablar de Francisco Marhuenda, actual director del diario La Razón, que tiene una amplia exposición en los programas audiovisuales a que me he referido. Se le ve en casi todos los programas de este tipo, tanto en los de las dos grandes operadoras privadas de TV —Mediaset (Cuatro y Tele 5) y Atresmedia (Antena3 y La Sexta)—, como en los de las televisiones públicas (TVE y Telemadrid); también se le puede escuchar con frecuencia en las emisoras radiofónicas de todos estos medios. La verdad, uno se pregunta cuándo trabajará en el periódico que dirige; será que tiene una gran capacidad de trabajo además del don de la ubicuidad, porque si no no se comprende. Por cierto, ya me gustaría saber cómo cobra la pasta gansa que le pagarán por estas cosas, y si lo que cobra va en su declaración del IRPF o utiliza alguna empresita interpuesta al estilo Monedero.

Pues bien, el multipresente Marhuenda es el prototipo del comunicador (si se le puede llamar así) que sólo pretende transmitir su mensaje partidista; en su caso, se evidencia que todo su interés está en ensalzar la acción política del PP y en defender a este partido de los que lo puedan atacar o criticar. Es el prototipo del periodista hoolligan monodireccional. Desde luego, la antítesis de Gabilondo.

Así que sería deseable que, ojalá, hubiera muchos «gabilondos» y pocos «marhuendas» en los medios de comunicación españoles.


Para acabar, aprovecho para recomendar ver en La Tuerka la interesantísima entrevista que Pablo Iglesias, el líder de Podemos, hizo no hace mucho a Iñaki Gabilondo; merece la pena.



21 ene 2015

IDIOMAS-LA TORRE DE BABEL


El habla es una de las facultades con que estamos dotados los humanos para comunicarnos entre nosotros, si bien, además de tal facultad, para conseguir la comunicación debemos utilizar un código, o sea, un idioma. Pero como hay muchos códigos (idiomas) en este mundo (según Wikipedia, sobre 6500) y cada persona, por regla general, solo suele conocer el que habitualmente utiliza (su idioma) y, como mucho (salvo excepciones envidiables), uno o dos más, tenemos bastantes dificultades para la comunicación con los que utilizan otros códigos, o sea, tienen otros idiomas. Es la consecuencia del enfado que, según el Antiguo Testamento, pilló Jehová cuando se enteró de que sus “siervos” estaban construyendo la Torre de Babel para llegar, al parecer, al cielo. ¡Cosas de los antiguos! 

Obviamente, si solo hubiera un código (un idioma) nos podríamos entender hablando entre los siete mil millones de personas que habitamos el planeta; estaría bien, pero no..., ¡hemos tenido que inventar 6500! ¡Cómo somos! Podían haberse inventado 10 o 12, o 20 como máximo, digo yo, Pero, ¡hala!, han tenido que ser 6500. Es decir, un idioma por cada millón (en números redondos) de personas. Otra ratio: según he leído, en nuestro planeta hay 243 países, por lo que sale que hay casi 27 idiomas por país Somos la hostia los humanos; ¡ni que todos fuéramos de Bilbao!

En América parece que, en esto, son más modositos. En todo el continente (norte y sur), donde viven unos 1000 millones de personas, hay 4 códigos muy utilizados (los idiomas castellano, inglés, portugués y francés) y otros 250 de menor uso. Incluyendo todos, les toca a un idioma por cada 4 millones de personas. La ratio por países (35, sin incluir los territorios dependientes) es de poco más de 7 idiomas por país. Es obvio que, en esto de los idiomas, en América no han sido muy suyos, o será que, como desde que les impusieron los 4 idiomas que he citado —mediante conquista y consiguiente colonización— han estado mandando los descendientes de los que los colonizaron, no ha habido interés por proteger, disfrutar o lucir otros idiomas autóctonos de aquellos territorios. Ahora bien, como los americanos (del norte y del sur) caigan en la cuenta de que eso de no tener idioma propio, como Dios manda (lo digo por lo que pasó en Babel), es evidencia de poco pedigrí, y no quieran ser menos que los de otros continentes, ya se inventarán los que haga falta para llegar, así, a una ratio de, al menos, un idioma por cada dos o tres millones de habitantes... ¡A ver! ¡Qué menos!

Los idiomas, además de su función principal de vehículo para la comunicación entre las personas, pueden tener otras aplicaciones; pero ahora solo me voy a referir a su utilización como elemento diferenciador de un determinado grupo, pueblo o nación y, en consecuencia, como característica cultural más destacada, singular y exclusiva del colectivo correspondiente, siendo, en muchos casos, el atributo principal de sus señas de identidad. Y como es legítimo y muy normal que un determinado colectivo humano desee mantener los rasgos diferenciadores y exclusivos de su especificidad como grupo, pueblo o nación, es entendible que se esfuerce en mantener, si lo tienen, su propio y exclusivo idioma. Pero hay que admitir que esta tendencia a la diferenciación idiomática va en contra del aparente objetivo principal de la facultad de hablar al que me he referido antes: facilitar la comunicación entre las personas. O puede que sea una ingenuidad admitir que tal objetivo principal es real.

Porque, efectivamente, es una ingenuidad creer que los idiomas están para facilitar la comunicación. Curiosamente, están para lo contrario, es decir, para dificultar la comunicación entre las personas que pertenecen a diferentes colectivos o grupos sociales. O sea, realmente se utilizan para acentuar la diferencia y establecer barreras entre ellos. Es el efecto del castigo divino de Babel.
Por eso, hablando de España (también, supongo, se podría hablar de otros países), vemos cómo, en las comunidades donde existen tendencias político-sociales secesionistas —que coinciden con las que cuentan con idioma propio—, los que mandan en tales comunidades o los sectores políticos y sociales más influyentes en ellas, cuyo ideario incluya las citadas tendencias, se esfuerzan en que los respectivos idiomas autóctonos se impongan sobre el común y general de España que, de momento, conocemos, prácticamente, todos los ciudadanos del estado. Así se acentúan las diferencias y singularidades identitarias y, a la postre, se facilita el cumplimiento de los objetivos políticos secesionistas.

Y aquí lo dejo. Si me animo, en una ulterior entrada diré algo más sobre la instrumentalización de los idiomas en lo que creo que se denomina «política lingüística» por parte de los partidos nacionalistas, especialmente de los más radicales, en su acción política para alcanzar los objetivos propios de su ideología.  De esto ya se habla (sobre todo en Catalunya), pero me temo que se va a hablar mucho, muuuuucho más.




3 ene 2015

INDEPENDENTISMO vs AUTONOMISMO

En el último año, uno de los asuntos más complejos de la escena de la política española ha sido el relacionado con las iniciativas secesionistas en Catalunya; es muy probable que en los próximos meses este asunto siga focalizando la atención y que genere turbulencias sociales y políticas en España, especialmente en Catalunya. De esto ya he hablado algo en las entradas RAJOY vs MAS (de 2014) y  CATALUNYA Y LOS CATALANES (de 2012). Y no es que me quiera meter donde no me llaman, porque realmente creo que los que no somos ciudadanos de aquella comunidad autónoma no tenemos vela en ese entierro: en mi opinión, decidir sobre el futuro de Catalunya les compete, exclusivamente, a ellos, a lo que, se diga lo que se diga, tienen todo el derecho del mundo. Pero debo dejar claro que, personalmente, no me gustaría que Catalunya dejase España; sería un muy mal trago. Además, en mi condición de vasco, temo que si Catalunya inicia el proceso para su independencia en Euskadi se produzca, inevitablemente, otro movimiento en la misma dirección, y esto sí me preocupa porque creo que la independencia no nos conviene a los vascos. Me explicaré. 

En primer lugar, debo decir que considero que el actual marco legal-constitucional posibilita que en el espacio de la Comunidad Autónoma Vasca se den las condiciones apropiadas para que el sentimiento nacional vasco y los naturales y tradicionales deseos de autogobierno se puedan desarrollar satisfactoriamente. Creo, por tanto, que el actual nivel de competencias se podría considerar aceptable y que, además, hay posibilidades legales para elevar el listón y, así, cumplir con lo que los más exigentes puedan esperar del actual Estatuto de Autonomía. Además, el Concierto Económico permite que el gobierno autónomo gestione con casi plena autonomía las políticas impositivas y la administración de lo recaudado (exceptuando el cupo). Por otro lado, hay que admitir que en lo cultural, especialmente en lo concerniente al apoyo del euskera, las condiciones actuales permiten al gobierno autónomo llevar a cabo lo que, en este sentido,  le demande la sociedad.                                                    
Aquí conviene una pequeña digresión: he dicho “demande” con plena consciencia, porque entiendo que es eso lo que tiene que hacer cualquier gobierno: atender las demandas sociales. O sea, los gobiernos no deben determinar e impulsar lo que a ellos les parezca o consideren conveniente o bueno para los ciudadanos; no, lo que deben hacer es estar muy atentos para conocer la realidad social, o sea, para detectar las demandas y carencias de sus ciudadanos, para, atendiendo a las mayorías, tratar de aportar soluciones para satisfacerlas o solucionarlas. La cuestión está en qué tienen que hacer los gobiernos para conocer las demandas sociales y cómo habilitan procedimientos para la participación ciudadana para, sobre todo, poder conocer con precisión qué es lo que quiere la mayoría en relación con los asuntos que puedan ser objeto de debate social o de controversia. Sobre esto no tengo más remedio que hacer mención al primer post de este blog DEMOCRACIA DIRECTA. Referéndums por internet , del ya lejano 2009.

Bien, volviendo al asunto, creo, como he dicho, que con el actual marco legal y con los ajustes o cambios que fueran necesarios la mayoría de los ciudadanos de Euskadi podrían tener colmadas sus expectativas de autogobierno, es decir, de “independencia de hecho” del gobierno central. Incluso, los más exigentes y partidarios de la Euskal Herria que incluya Navarra podrían aspirar a la unificación utilizando el marco legal del Estado Autonómico (la Constitución lo permite), eso sí, contando con la opinión mayoritaria de los navarros; la incorporación de los territorios de Iparralde la veo más difícil. Por tanto, se puede decir que, desde el punto de vista emocional o sentimental, la situación actual se podría considerar como aceptable, por lo que habría que considerar seriamente si merece la pena correr el riesgo de la indeseable fractura social que podría producir la iniciación de un eventual proceso independentista.                              

Por otro lado y hablando de lo práctico, convendría mencionar algunas de las ventajas de formar parte de España. Bueno, voy a hablar sólo de una: estar integrados, de pleno derecho, en un mercado, laboral y comercial, muy amplio y bastante desarrollado. Antes de seguir, debo aclarar que un análisis completo sobre este asunto daría para muchos folios; teniendo en cuenta que estoy escribiendo en un blog, donde la  excesiva extensión puede resultar contraproducente, debo tratar de ser lo más breve posible, asumiendo el riesgo de que el análisis pueda resultar incompleto o simplista. 

Empezando por lo laboral, no hay duda de que la posibilidad de trabajar (estar empleado), sin ninguna traba ni condición por razón de origen o pertenencia, en cualquier lugar de España es una posibilidad real que podría desvanecerse con la independencia. Soy de los que creen que en Euskadi, por lo que sea, siempre ha habido, en general, mucho talento; diría que, incluso, más que en el resto de España (aunque no estoy muy convencido de esto, lo digo porque soy de Bilbao), por lo que los vascos suficientemente formados tienen muchas posibilidades de “triunfar” en sus incursiones laborales en el resto de España. Por eso, creo que, en lugar de independizarnos, los vascos deberíamos tratar de conquistar España (en el buen sentido), a base de ocupar puestos de relevancia en su tejido empresarial, en lo intelectual o cultural y, por supuesto, en la política. O sea, no debemos mirar a Madrid (la menciono por ser el símbolo, para algunos, de la opresión) como la fuente de nuestros males, a la que los vascos debamos combatir, sino como espacio propicio para el desarrollo profesional de los vascos que, por lo que sea, quieran cambiar de aires en su trayectoria vital o profesional. Ha habido muchos vascos que así lo han hecho y han triunfado. El ejemplo actual más evidente es el de José Ignacio Goirigolzarri, presidente de Bankia, que a mí me parece que, para lo que nos ocupa, es para tener muy en cuenta. También valdrían los ejemplos de los comunicadores que han triunfado en la tele (ahí están Anne Igartiburu y Ramontxu García), en la radio (Iñaki Gabilondo)... y otros muchos más en diversos ámbitos. Realmente, han sido muchos, muchísimos, los vascos, que en lo intelectual y profesional, han encontrado en España, fuera de Euskadi, un ámbito muy propicio para su desarrollo. Y esto es muy importante. Perder esa posibilidad creo que sería dramático: se nos achicaría el terreno de juego y, por tanto, tendríamos menos espacio para demostrar y hacer valer nuestras habilidades y capacidades. 

En cuanto a lo comercial, no hace falta decir mucho. Euskadi es una de las zonas más industrializadas de España, y, para la mayoría de empresas vascas, España es el principal mercado. No quiero decir que en una eventual independencia los españoles dejarían de comprar productos vascos; puede que al principio, en alguna medida, se pudiera dar tal rechazo, pero, posiblemente, pasado el tiempo se impondrían los criterios de calidad y precio sobre los sentimentales o políticos. Pero siempre podría haber las trabas o dificultades que imponen las fronteras. Sin ninguna duda, pensando en el mercado español, las empresas vascas lo tienen ahora mucho más fácil que en una eventual independencia.

Llegado a este punto, me permito el siguiente comentario. Hace unos días he terminado de leer el libro “La política como pasión”, en el que se cuenta la biografía de José Antonio Aguirre, primer lehendakari vasco, presidente del gobierno autónomo vasco que se constituyó en octubre de 1936. El libro me ha parecido un documento informativo excelente y completísimo de los avatares políticos del intenso y difícil periodo comprendido entre los años 1931 y 1960 (en el que falleció Aguirre), focalizando siempre la atención sobre la actividad política del biografiado. Una de mis deducciones de la lectura del libro es que ya el primer lehendakari se vio turbado por el complejo dilema del nacionalismo vasco: independizarse totalmente de España o mantener una gran autonomía pero dentro del estado; en otras palabras, el dilema se podría sintetizar en “independentismo vs autonomismo”. Por lo que he leído en el libro que he citado, parece que Aguirre estuvo en las dos posiciones; o sea, según el momento, mantuvo posiciones cercanas, unas veces, al independentismo, y, otras, al autonomismo, si bien, hay que reconocer que las circunstancias graves y especiales de la época pudieran haber influido en su posicionamiento. Así que el ejemplo del primer lehendakari es algo confuso y no aporta demasiado para resolver adecuadamente el dilema. No obstante, me ha parecido oportuno comentar esto para hacer ver que el dilema a que me he referido no es de hoy; ya se enfrentaron a él los nacionalistas de hace 70 u 80 años, y no parece que quedó resuelto.

No conozco el nacionalismo vasco por dentro, más allá de lo que se puede saber a través de los medios de comunicación o de lo que se dice en la calle o en las comidas familiares, pero supongo que el debate sobre «independentismo vs autonomismo» sigue vivo, porque, además de muy importante, no es de fácil decisión. Posiblemente, las formaciones políticas que integran lo que se denomina el nacionalismo radical (dicho de otro modo, mundo de Batasuna) tendrán claro su posicionamiento a favor del independentismo; también creo posible que en el nacionalismo moderado (PNV) la cosa no estará tan clara, o sea, el dilema estará latente, teniendo en cuenta el componente social transversal de la militancia y simpatizantes de este partido. 

Sin temor a equivocarme, creo que el dilema «independentismo vs autonomismo», por una u otra razón, va a gravitar sobre la sociedad vasca en los próximos años. Y lo malo es que, como en todo dilema, ambas opciones tienen inconvenientes; lo importante es dar con la mejor (o menos mala). El asunto es muy complejo, sobre todo, porque entran en juego eso que llamamos los sentimientos; y los sentimientos, muchas veces (o casi siempre), utilizan caminos vetados a la razón.

Como estas cosas del patriotismo no activan mis sentimientos, yo las analizo tratando de usar exclusivamente la razón.  Por eso, me decanto hacia el autonomismo. Espero, confío... mejor dicho, estoy seguro de que los de Podemos opinarán como yo.





19 dic 2014

COSAS DE ELLAS



En otra entrada anterior,   MUJERES Y HOMBRES. ¿IGUALDAD?, ya hablaba de las diferencias entre mujeres y hombres. Ahora voy a comentar algunos comportamientos que he observado como propios o exclusivos de ellas. Habría muchos ejemplos de los que hablar, la mayoría conocidos y asumidos ya con cierta normalidad tanto por ellas como por nosotros, como es el caso de la capacidad que tienen ellas cuando están en grupo para hablar todas, o al menos varias, a la vez y, aparentemente, entenderse perfectamente; otro podría ser su peculiar forma de llevar el paraguas abierto cuando llueve y caminan por un espacio concurrido. Pero ambos comportamientos, como he dicho, no son novedosos, por lo que no merece la pena hablar sobre ellos. También como aclaración, debo decir que soy consciente de que también nosotros tendremos comportamientos que ellas considerarán como propios o exclusivos de los tíos; pero de esto no voy a hablar... lo dejo para ellas.

Yendo al grano, recientemente he descubierto dos formas de actuar de ellas relacionadas con su comportamiento como viandantes, uno, y como conductoras, el otro, que me han llamado mucho la atención. Debo aclarar que el hecho de circular habitualmente en moto por el intenso y abigarrado tráfico de Madrid me facilita la observación de lo que pasa en las calles (incluidas las aceras).

1. Cómo inician la marcha cuando conducen un automóvil. Me refiero a cómo reanudan la marcha una vez que el semáforo se pone en verde y el vehículo de ella no tiene por delante ningún obstáculo por ser el primero (o el único) de los que están detenidos a la espera de que el semáforo permita el paso. En estas situaciones, normalmente el vehículo que conducen, mientras está detenido, está perfectamente alineado con el sentido de la marcha, que generalmente es en línea recta. Es decir, hablo de una situación en la que, para reanudar la marcha, solo es necesario poner la primera velocidad y activar el embrague y el acelerador (no hablo de automáticos); o sea, solo es necesario «tirar pa´lante».

Pues ellas hacen algo más: mueven el volante. Sí, sí, incomprensiblemente (al menos, para mí) lo mueven; y lo mueven por lo menos dos veces. La primera, que es la preocupante además de innecesaria, hace que el vehículo, durante uno o dos segundos, tome una dirección ligeramente oblicua sin ninguna razón; con la segunda, que, esta sí, es necesaria para corregir la desviación motivada por la primera, recuperan la dirección correcta (que era, simplemente, la línea recta). Naturalmente, el segundo movimiento es inmediato al primero, por lo que la desviación producida por este es mínima... ¡menos mal!

¿Por qué lo harán? Ya me gustaría saberlo, por lo que si alguna me descubre la razón se lo agradecería.

2. Cómo acceden (caminando) a los pasos de peatones o de cebra. Me refiero a los pasos que, debidamente señalizados, hay en muchas calles para que los viandantes crucen la calzada y que no están regulados por semáforos. En estos pasos, como es sabido, tienen prioridad los peatones, aunque los conductores de vehículos no siempre respetan esa preferencia; así que los peatones no deben confiarse, porque puede haber comportamientos inadecuados. Pues para evitar contingencias indeseadas en la situación descrita, ellas recurren a una eficacísima sutileza peatonil.

Si dos o tres metros antes de llegar al paso de peatones por el que van a cruzar la calzada se han percatado (generalmente, mirando de reojo) de que puede haber una coincidencia con algún vehículo que se acerca, y siendo plenamente conscientes de los tiempos y las distancias, cuando llegan al paso de cebra ponen con aparente decisión los pies sobre la calzada, es decir, dan uno u dos pasos sobre la calzada (eso sí, sin exponerse), como si no se hubieran dado cuenta de que se acerca el vehículo con el que «compiten»... e, inmediatamente, se paran en seco; entonces es cuando lanzan una miradita directa, entre desafiante e inocente, al atrevido y sorprendido conductor, que para ese preciso instante ya habrá activado todos los mecanismos para detener bruscamente el vehículo y, así, ceder, ¡qué remedio!, el paso a la retadora. Entonces ella, satisfecha por haber conseguido su objetivo, retoma su caminar y, mientras de nuevo mira de reojo al conductor, se va diciendo para sí (esto lo supongo): ¡qué te creías!, capullo, ¿que ibas a pasar cuando me toca a mí? ¡Venga ya...!

Por lo que he observado, puedo decir que, si no todas, así lo hacen muchas, por lo que, cada vez que observo este comportamiento, siempre, con admiración, me pregunto: ¡¿cómo lo habrán aprendido?!
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Pues sí, así actúan ellas en las situaciones comentadas. A mí me parecen comportamientos, sencillamente, sorprendentes. Desde luego, me resultan mucho más tolerables que su forma de conducir su coche por las vías que tienen más de un carril por sentido. De esto ya hablé en COSAS QUE JODEN, donde me «quejaba» de que los vehículos que circulan o se paran desalineados en las largas filas del tráfico madrileño casi siempre están conducidos por mujeres o taxistas, de lo que deducía que «las mujeres y los taxistas joden igual»... ¡Cómo son!